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Educando en diversidad familiar

 

Actualmente la realidad familiar de nuestra sociedad se está transformando. Hasta hace poco lo habitual era una pareja heterosexual con dos hijos, pero en las últimas dos décadas esto ha cambiado. Pero, ¿qué es una familia? Es el hogar, allí donde nos sentimos amados y seguros. La familia tradicional ya no es el único modelo y han surgido nuevos tipos de hogares. Aunque el tema de la adopción sí ha sido un tema tratado desde los cuentos infantiles, otros como los hogares monoparentales, parejas homosexuales con hijos o parejas que optan por tratamientos de fertilidad aún son escasos.

A continuación encontraréis algunos cuentos donde estas nuevas familias pueden verse representadas. Estas historias no son exclusivamente para estas familias, ya que lo interesante sería que todos los niños y niñas los leyeran. Y así conocer diferentes realidades, haciéndonos más respetuosos con la diferencia.

 

Cada familia a su aire

 

 

Cada familia a su aire. Los personajes de este libro se agrupan por familias, todas parecidas y todas diferentes: desde familias monoparentales hasta tribus, pasando por familias homoparentales y familias recompuestas. ¡Nadie se queda fuera!

 

 

 

Recetas para hacer bebés

 

 

 

 

Recetas para hacer bebés. Explica las diferentes formas de concepción actual a través de ilustraciones para que los y las menores entiendan cómo nacieron. Contempla la donación de esperma, la donación de ovulo, la donación de embrión, la gestación subrogada y la adopción.

 

 

 

Un regalo de vida chiquitito

 

 

Un regalo de vida chiquitito. Este cuento explica la donación de óvulos a través de una pareja de conejos. Ayuda a entender este proceso de forma sencilla y amorosa.

 

 

 

 

 

Tengo una mamá y punto

 

 

 

 

Tengo una mamá y punto. Este libro aborda las familias con un solo progenitor. Para Camila su familia es su mamá y su perro, el problema surge a raíz de que la profesora de la niña le pide que dibuje al papá que le gustaría tener.

 

 

 

 

 

 

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Papa, papi y yo y Eric y su familia. Son dos cuentos sobre la gestación subrogada. El primero sobre una pareja gay y el segundo, el caso de una pareja de distinto sexo.

 

 

mamá sueña con un bichito de luz

 

 

 

Mamá sueña con un bichito de luz. Este cuento trata sobre una madre soltera que busca quedarse embarazada por un tratamiento de reproducción asistida gracias al semen de un donante.

 

 

 

 

 

 

Arantxa Moliner, colaboradora del Centro Núria Jorba.  Psicóloga emocional y educadora sexual.

 

 

 

Hablando de género

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La palabra “género” se encuentra encima de la mesa de actualidad. Según la OMS El género se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. Las diferentes funciones y comportamientos pueden generar desigualdades de género, es decir, diferencias entre los hombres y las mujeres que favorecen sistemáticamente a uno de los dos grupos”.

Pero la revolución del género está aquí para quedarse. La corriente actual quiere romper con el binarismo, quiere abrirse a la diversidad sexual y es que el género se está redefiniendo. Su objetivo es ir más allá de lo que significa ser mujer y hombre. A causa de ello, está apareciendo un nuevo vocabulario para entender las diferentes identidades sexuales que engloban la diversidad sexual humana. El lenguaje es importante, ya que si algo no tiene nombre, no existe. Poner etiquetas nos sirve para identificar quiénes somos y nos ayuda a entendernos. Hasta ahora todo se resumía en dos categorías, hombre o mujer, azul o rosa, masculino o femenino, y se acaba estigmatizando a aquellos que no entran en estas etiquetas. El lenguaje da forma a la experiencia.

Este año, National Geographic ha publicado un número especial sobre el género y todo su espectro de posibilidades. En él se enumeran y se desglosan los nuevos términos en referencia al cuerpo, al sexo y al género. A continuación se incluyen algunos de estos términos para entender la revolución de género que estamos viviendo:

Cisgénero: Este término describe aquella persona que su identidad de género corresponde con el sexo biológico asignado al nacer.

Transgénero: Este término describe aquella persona que su identidad de género difiere con el sexo biológico asignado al nacer. A veces se abrevia como “trans”. Hace referencia a un amplio número de identidades que incluyen mujeres trans y hombres trans.

Transexual: Esta palabra es la menos reciente, y se utilizaba para designar a esa persona transgénero que recibía tratamiento hormonal o se había realizado alguna cirugía de reasignación para que su cuerpo fuera más parecido al cuerpo correspondiente con su identidad de género que con el sexo asignado al nacer. Actualmente ha ganado mayor uso el término transgénero.

Intersexual: Se trata de una categoría paraguas que abarca diferentes realidades. Es aquella persona con alguna condición genética, genital, reproductiva u hormonal que no encaja con el modelo binario de cuerpo típico de mujer u hombre. No es lo mismo que transgénero, aunque a veces hay personas que lo confunden. Antes podían ser conocidos como hermafroditas, pero ese término se considera fuera de uso en la actualidad.

Queer: Categoría paraguas que incluye a todas aquellas personas que no son heterosexuales o/y cisgéneros.

Genderqueer: Aquella persona la cual no se identifica ni como hombre ni como mujer, sino más allá de esas etiquetas o en una combinación entre ambas.

Andrógino: Denomina a las personas que combinan tanto rasgos femeninos como masculinos, y tiene una expresión de género no tradicional.

Género fluido: Palabra que identifica a aquellas personas las cuales su identidad de género o expresión de género navega entre lo masculino y lo femenino, o se encuentra en algún punto del espectro hombre/mujer.

Agénero: Término que describe a esa persona que no se identifica con un género que pueda ser categorizado como hombre o mujer. Por lo tanto no se identifican con ninguna identidad de género.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

Deseo

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Hablemos de deseo, en especial, de deseo femenino.

En general, a las mujeres, les han enseñado a no mostrarlo, o al menos no de manera explícita. Si lo hacen ha de ser de manera sutil, nunca como sujetos activos y raramente tomando la iniciativa. Incluso les repiten una y otra vez que las mujeres no tienen tanto deseo sexual como los hombres, y muchas acaban pensando que el problema lo tienen ellas cuando tienen más apetito que sus parejas hombres. Esto también ocurre con la comida, se da por hecho que una mujer debería tener menos “apetito” que un hombre. En ambos casos, se les enseña a auto controlarse, a no mostrar y explicitar lo que realmente quieren e ir a por ello. No es de mujeres tener un gran apetito (y esto podría englobarse en muchos aspectos, como la ambición). Es una de las consecuencias que aún arrastramos de la educación de género. Parece que seamos como pajaritos que con poco nos basta. Se ha convertido en una cosa normal. Incluso si tenemos deseo, en las relaciones heterosexuales, culturalmente no debemos expresarlo hasta que él lo exprese. En el primer contacto, si lo hiciera podría ser vista como promiscua, como una chica fácil o como un rollo de una noche, descartándose como potencial pareja. Él debería expresarlo primero (pues existe también la creencia de que ellos siempre tienen ganas, otro mito a derribar) y así despertar el de ella después. Parece como si su deseo no pudiese manifestarse sino lo hace él en primer lugar.

Socialmente se enseña que el valor de una mujer depende de cuánto es deseada. Están pendientes de ser atractivas para los demás, de que las miren, que las alaguen, de entrar dentro de los cánones de belleza (los que en la actualidad dicen que son los deseables, pues éstos van variando). De este modo, muchas viven buscando ser deseadas, pero no deseando. Aparcan el descubrir que despierta su deseo, para centrarse en despertar el deseo de otros. Además se enseña que las mujeres tienen que contenerse y suministrarlo (y no solo la primera vez): las mujeres son las que permiten que haya sexo, dado que los hombres siempre tienen ganas. Ejercer este papel como de guardianas y protectoras de su entrega sexual que dificulta el dejarse llevar y conectar con su deseo.

El deseo se alimenta de la novedad y la espontaneidad, algo que comulga bastante mal con la rutina y nuestra necesidad de seguridad. En nuestro día a día hemos pasado de ser un cuerpo a ser máquinas que producen. Existe un estrés importante para compaginar la vida profesional y personal, que incluye familia y amistades, que hace que los sentimientos comunes sean de cansancio, insatisfacción y sufrimiento por no llegar a todo. Es como si llevásemos varias vidas a la vez. Además muchas veces se suma el perfeccionismo y la exigencia, mezclándose con una inevitable culpa al no llegar a los estándares. Todo esto genera que nos desconectemos de la escucha del cuerpo y sus necesidades. Se reducen los espacios para descansar y relajarse, del disfrutar por disfrutar, sin ser productivo. Pero, ¿cómo y dónde metemos el deseo sexual en todo esto? Sobre todo cuando la estrategia de la mayoría utiliza desconectarse de lo que necesita y de su cuerpo (y finalmente del deseo) como estrategia para llegar a todo. Está es la estrategia inconsciente de muchas mujeres: desconectarse de sí mismas, para así poder satisfacer las necesidades de los demás antes que las propias. No es posible la relajación, hay demasiados frentes que atender. Sin un momento para parar, se pierde la escucha.

Además cuando se tienen espacios propios, cuando la pareja no está siempre junta, entonces la mente tiene tiempo para echar de menos, y en su ausencia se desarrolla el deseo y aumenta el anhelo. A veces perdemos la libertad personal por el miedo de perder la conexión con el otro. Pero es la fantasía la que mantiene vivo el deseo. Para fantasear es necesario darle espacio y tiempo a la mente para explorar, curiosear y desarrollar ideas. Aunque tampoco se pueden olvidar los espacios de intimidad de la pareja, ingrediente indispensable para que aparezca el deseo. Momentos para reírnos juntos, conectar sobre cómo estamos y sentimos, cuidar y sorprender al otro, compartir actividades. Y es que al final, todo consiste en encontrar la mezcla justa de intimidad y anhelo

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

Escuchar y comprender tus emociones

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Nuestro cerebro se encuentra dividido en 3 partes principales: el cerebro primitivo, el sistema límbico y el córtex. En primer lugar, el cerebro primitivo, o también conocido como reptiliano, es el más antiguo evolutivamente y se ocupa de los reflejos y los automatismos aprendidos. Es el que correspondería a las reacciones instintivas, pues asegura nuestro comportamiento de supervivencia, y se relaciona con las emociones primarias como el miedo, la rabia, el asco, la alegría y la tristeza) y genera circuitos inmediatos de respuesta. Después está el sistema límbico, el cual es la sede de las emociones y genera las reacciones más elaboradas. Por ello también se le da el nombre de cerebro emocional. Por último está el córtex, o cerebro racional, que corresponde a nuestro cerebro más reciente y evolucionado. Es el centro de nuestras reflexiones, planifica y gestiona, permitiendo dar una respuesta más controlada desde el circuito racional.

Cada parte cerebral podríamos decir que está relacionada con un tipo de respuesta ante las situaciones. El cerebro primitivo es aquel que nos conecta con los instintos y las alertas, con las tripas, con la respuesta más visceral, aquello que llamamos intuición. El límbico nos conecta con nuestra parte emocional, con el corazón. Y el córtex nos conecta con la parte racional, lo que entendemos como cerebro. Es importante mantener un equilibrio entre los 3 cerebros, aprender a escuchar tanto a las tripas, al corazón y también a la razón según la circunstancia.

En el caso de las emociones es esencial saber que la alianza del cerebro emocional y el racional darán lugar a un mayor equilibrio. Entender por qué nos sentimos como nos sentimos, nos dará información sobre quiénes somos y cómo queremos vivir. Para una mejor gestión emocional hemos de ejercitarnos en superar nuestra reacción provocada por la emoción y pasar del sistema límbico al cortical. Así tomaremos distancia para analizar la situación que provoca tal emoción y decidir cuál es la reacción más adecuada. Esto no quiere decir que dejemos de lado la expresión emocional, sino integrar ambas partes. Por ejemplo, en el caso de la tristeza, se trata de darnos un espacio para llorar y posteriormente entender de donde surge esa emoción y avanzar para que no se convierta en un círculo vicioso de sufrimiento.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

El conformismo afectivo

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Desde nuestra infancia nos dicen que el futuro es en pareja. Todo parece programado para hacerlo a dúo, para hacerlo con alguien: salir a comer, hacer un poco de ocio como ir al cine o ir a conciertos, viajar, crear un hogar, tener una familia… Nos dicen que el camino hacia la felicidad está en “el par”. Esto nos lleva, a veces, a aferrarnos en relaciones que no nos llenan, ni enriquecen ni potencian. Incluso nos llevan a quedarnos estancados en relaciones que nos hacen sufrir. Por miedo a estar solos, a quedarnos sin ese “+1”. Además, este miedo nos puede hacer retomar una relación una y otra vez, aunque sepamos que esa persona no es para nosotros o queramos otro tipo de relación.

Gastas mucho tiempo manteniendo una relación que no es para ti, inviertes una energía que evita que puedas crear otras oportunidades de crecimiento (y, tal vez, de encontrar una persona o relación más compatible con tus deseos y necesidades). Pero, lamentablemente, en el amor nos regimos por “Es mejor malo conocido, que bueno por conocer”. Es esencial reconocer cuando ha llegado el momento de tirar la toalla. A veces estamos con personas o en relaciones por el potencial que vemos en ellos, no por lo que realmente son. Creemos en lo que podría ser, lo intentamos, luchamos… pensamos que con más esfuerzo, tal vez haremos que cambie o funcione. A veces pasa, especialmente cuando ambas personas están dispuestas a hacer cambios y a hacer que funcione. Pero otras veces, simplemente esto no ocurre. Nadie habla de no luchar, pero si se habla de dejar de luchar para dedicar la energía en algo realmente productivo. Aunque cada relación de pareja es diferente, no existe una regla de cuándo romper o una forma rápida o fácil (o indolora) de hacerlo, hay algunas situaciones que son claramente “alarmas”.

Abuso. La primera y más clara es que si tu pareja abusa de ti tanto física como psicológicamente, aléjate. Lo mejor para ti, e incluso para tu pareja, es alejarte de esa dinámica de relación. Las faltas de respeto, el miedo o el maltrato no deberían existir en una relación.  Es común obsesionarse con el hecho de que no nos sean infieles sexualmente, pero a nadie parece preocuparle tanto el hecho de que no le quieran. En algunos de estos casos, prevalece la exclusividad sexual a la afectiva. Algo así como “no importa que no me quieras, sino que no te acuestes con nadie”. Busca ayuda si es necesario, porque cada segundo que pasas en esa situación destruyes tu autoestima. La primera relación que has de cultivar es la que tienes contigo, así que no dejes que nadie interfiera en ella y te aleje del amor propio.

Comunicarse o morir. Para construir cualquier relación nutritiva y sana se necesitan muchos ingredientes. A veces quererse no es suficiente. El ingrediente indispensable y la base de cualquier relación es la comunicación. Será la herramienta principal para solventar no solo el día a día sino los conflictos. Para ello es esencial que las dos personas tengan la intención de expresar, empatizar y negociar. Tal vez no tengamos el mismo estilo comunicativo, pero si tenemos la intención, todo será más fácil. Desgraciadamente no nacemos simplemente con buenas habilidades comunicativas, a veces es necesario aprenderlas. Mentir, esconder la verdad para proteger a la pareja (o eso creemos) o ser pasivo-agresivo en nuestras peticiones, solo desarrollará una comunicación insana para la relación y acabará envenenándolo todo.

Si ambas partes no están dispuestas a aprender a comunicarse de manera más efectiva, será difícil gestionar la relación y las situaciones a las que hacemos frente diariamente. Una relación es un equipo. Uno solo no puede hacerlo todo, se necesita el apoyo de los dos. Por ello, una alarma importante es el siguiente punto.

Somos dos. Las relaciones conllevan muchos cambios y adaptaciones por parte de ambos. Como todos los ámbitos en la vida, se requiere esfuerzo, tiempo, adaptación, cuidado y mimo. Uno no puede estar sintiendo el “estoy solo o sola en esto”. Puede ser un momento duro cuando estás en una relación y te das cuenta que eres el único que lo intenta. Cuando sabes que la otra parte no puede, no quiere o no es capaz de dedicarse a la relación. Es importante darse cuenta de que uno solo no tiene poder para arreglarlo todo. Cada uno es responsable de sus emociones, pensamientos y acciones. Nadie es responsable de hacerle ver al otro que la relación vale la pena. Si tu pareja no está dispuesta a hacer cambios cuando la relación ya no es satisfactoria, tal vez esto te dará mucha información sobre vuestra dinámica y vuestro futuro. A veces en las relaciones desarrollamos hábitos totalmente insanos. Igual que para crearlos hizo falta dos, para re direccionarlos también.

Crecimiento personal. Todos crecemos y evolucionamos, nadie es estático. Y a veces en pareja crecemos en direcciones diferentes. Si te ves a ti mismo dejando de lado partes esenciales de ti para satisfacer al otro, probablemente esa relación está destinada al fracaso. Las personas que elegimos en nuestra vida deberían potenciarnos y hacernos mejores. Es cierto que hay relaciones que nos hacen crecer y son dolorosas a partes iguales. A veces las parejas nos hacen de espejo y vemos qué deberíamos trabajar en nosotros. Pero eso no significa que deba durar para siempre. Simplemente es una lección que debemos aprender y de nada sirve encallarse en ella. Nunca comprometas quien eres por una relación. Agradece el aprendizaje y sigue caminando.

A veces dejar una relación es la mejor opción. Si ambos no estáis realmente dispuestos a cuidarla y cultivarla, probablemente hemos de dejar ir esa relación. Si ves en tu relación alguna de las situaciones descritas, tal vez es mejor caminar hacia delante con tu propia vida. Para ello se requiere fuerza y apostar por ti, porque de otra manera solo te estás fallando a ti.

 

Recuerda: Eres suficiente. Vales la pena. Y si una relación no te hace sentir así, lo más lógico es alejarse de ella. Obviamente va a doler. Las rupturas duelen. Tendrás días malos, malísimos. Pero al final, te recuperarás, un duelo siempre acaba teniendo un final. En cambio, mantenerse en una relación infeliz, no. Todo irá a mejor y antes de lo que esperas esto pasará, en especial  cuando reconozcas en ti tu valía y potencial.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

Vivir es gestionar emociones

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Las emociones son reacciones naturales momentáneas las cuales surgen en lo cotidiano del vivir. Saber gestionarlas es una habilidad esencial para alcanzar nuestras metas y vivir sin estrés o ansiedad. Las emociones nos sirven de guía, pues nos dan mucha información sobre nosotros mismos y cómo interactuamos con el entorno. Desarrollar la capacidad de gestionar tus emociones te permitirá conocerte mejor y comprenderte. Conociéndolas las convertirás en tus aliadas.

En primer lugar, es importante aprender a identificarlas. Cuando sientas una emoción, no la rehúyas, acógela y conéctate con lo que sientes en tu interior. Una vez hayas sentido su reacción en ti es interesante acercarse a ella para saber qué información te ofrece. Puedes escribir qué te sucede, tanto físicamente como a nivel de pensamientos, para comprender qué significan. Esto te permitirá separarte de tu malestar inicial y analizarla.

Toma conciencia de las sensaciones que las emociones agradables desencadenan. Son aquellas que nos procuran bienestar, nos proporcionan ganas de avanzar, confianza y motivación, alimentan nuestra creatividad y nos empujan a decidir y actuar. ¡Nos estimulan! Por otro lado, ¿qué nos provocan las emociones más desagradables como la rabia, la tristeza o el miedo? Experimentar este tipo de emociones frustra, nos quita energía y nos hace sufrir. Aunque parezca contradictorio, evitarlas, bloquearlas o huir de ellas tampoco es un buen remedio. Estas emociones, como todas, necesitan ser expresadas para poder gestionarlas.

Identificar las circunstancias que desencadenan nuestros estados emocionales nos permitirá controlar estas reacciones. Pregúntate: ¿Qué desencadena mis emociones? Estos desencadenantes actúan como estímulo, pudiendo ser externos (la respuesta de alguien, un cambio en nuestras circunstancias…) o internos (discurso interior o recuerdo).  Tu percepción, tus representaciones mentales y tus creencias son estímulos que nos generan emociones diariamente. Son totalmente subjetivas. Por ello es importante ver cuál es tu discurso interno, para hacerte responsable de lo que experimentas y ser capaz de elegir una reacción u otra.

Una forma de aprovechar mejor nuestras emociones es aprender a disfrutar a fondo de las más agradables (alegría, satisfacción, serenidad, gozo…) y a reducir el impacto de las más desagradables (miedo, rabia, tristeza…). ¿Cómo se hace esto? Las emociones van acompañadas de unos pensamientos que emergen ante las situaciones. Muchas veces tendemos a caer en espirales de malestar al alimentar los pensamientos que emergen ante emociones desagradables y no sabemos sacar la información esencial para seguir avanzando. En cambio nos cuesta más provocarnos espirales de alegría y satisfacción, nos sentimos incómodos por estar demasiado felices o contentos, diciéndonos que no es para tanto. En general, solemos quedarnos atrapados en lo malo y neutralizar lo bueno, cuando tendría que ser al contrario: regodearnos en lo bueno y neutralizar lo malo.

Las emociones te afectan en el cuerpo, en tus pensamientos y en tu conducta. Actuando sobre estas tres áreas interfieres en el proceso emocional y puedes adaptar tu actitud. La neurociencia ha descubierto que la biología o genética de nuestro cerebro solo interviene un 40% de nuestro humor general y nuestra capacidad de optimismo. Es decir, ¡el 60% depende solo de tu actitud! Está en nuestras manos modificar nuestros pensamientos para equilibrar la balanza hacia lo positivo. Esto permite un reajuste neuronal y genera un reforzamiento de nuestro sistema inmune, nos protege de enfermedades, estrés y somatización… ¡somos responsables de crear un cerebro que nos proporcione bienestar!

Ser inteligente emocionalmente es una tarea de crecimiento personal. Aprender a expresar y analizar tu mundo emocional hará más nutritiva tu vida. Además mejorar tus reflejos ante tu respuesta emocional te permitirá reforzar también la confianza en ti mismo, pues te harás responsable de ti y de aquello que sientes. Liderando tus emociones, liderarás tu vida.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

 

La culpa

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La culpa es una de esas emociones que catalogamos como desagradables. Si bien sentirse culpable no es algo que nos guste experimentar, es cierto que nos da información valiosa sobre nuestra interacción con el entorno y de nosotros mismos. Muchas veces nos sentimos culpables por todo: por lo que hacemos, por lo que no hacemos, por lo que deseamos, por lo que sentimos, por lo que dejamos de sentir, etc.,.

La culpa surge cuando creemos que nos hemos equivocado o nos estamos equivocando, cuando juzgamos nuestros actos, o incluso nuestros pensamientos. Aparece al contradecir una creencia propia relacionada con algún valor importante para nosotros. Además no solo influyen nuestras normas personales también las sociales o las del entorno, especialmente si hemos hecho daño a alguien (o lo haríamos al tomar ciertas decisiones). Ya desde nuestra tierna infancia integramos normas sobre cómo debemos actuar a través del entorno, la educación y, en muchos casos, la religión, y cuando las transgredimos es cuando aparece dicha emoción: nos sentimos culpables.

La función de la culpa radica en hacer consciente una situación, para así buscar cómo arreglarla. Desde mi punto de vista, el mejor antídoto contra quedarme atascado en el sentimiento de culpa es saber que estoy aprendiendo. Mis equivocaciones tan solo son un proceso de aprendizaje y autodescubrimiento, en lo que me equivoqué ayer no me equivocaré mañana. Aprendo de mis errores y entiendo que no soy, ni nunca seré perfecto. Soy flexible conmigo y entiendo que quedarme atrapado con la culpa no me permite avanzar.

Existe una culpa que no es adaptativa, es aquella que no tiene una razón objetiva en sí para aparecer y resulta muy destructiva. Se da en personas muy perfeccionistas o con tendencias depresivas. En estas ocasiones la aparición recurrente de la culpa resulta de un sistema de creencias muy restrictivo y limitador.

Del mismo modo, si los actos o actitud de otro me han dañado, buscamos que éste se sienta culpable. Esto a veces ocurre cuando no somos capaces de aceptar las limitaciones del otro y lo hacemos responsable de nuestro malestar y de curarlo. Aquí es importante recordar que no debemos depender de los demás para sentirnos bien, no puedes hacer responsable de cómo tú te sientas a otro. Evita echar la culpa, hazte responsable de tu malestar, pon límites. Sino le darás todo el poder a esa persona y tú adaptaras un papel de víctima que no te llevará a la acción. Todo tiene que empezar por algún lugar, y que mejor que primero uno mismo. Ser responsable tiene que ver con liderar nuestra vida, pues la responsabilidad no deja de ser la habilidad de responder ante las situaciones que se nos presentan. Si alguien te daña es tu responsabilidad marcar tus límites. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

 

Manual de instrucciones para momentos difíciles

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Todos hemos deseado alguna vez tener un manual de instrucciones para saber cómo afrontar ciertas situaciones: una pérdida de un ser querido, una enfermedad, una ruptura, una infidelidad, un despido repentino, la incertidumbre del futuro, no tener trabajo… Cuando tenemos una pérdida importante en nuestra vida es importante saber cómo reajustar y reconstruir nuestra vida. Aunque desgraciadamente no existe tal manual de instrucciones, a continuación propondremos un modelo de plan de acción para inspiraros a encontrar vuestra propia receta mágica de superación personal.

La clave aquí es gestionar el tiempo, así que ten paciencia. Reconstruirse no se hace de la noche al día, lleva tiempo. Tiempo para proponerse y alcanzar nuevos objetivos, incluir nuevas rutinas y hábitos, y nuevas relaciones.

Tiempo para mí. No descuides este espacio, pues es el más importante. Piensa que el tiempo es oro, y ahora mismo tú necesitas ese tiempo.

Conecta con tus emociones. Pero no te recrees en ellas. Escúchate. Permítete estar triste o rabioso cuando lo necesites, pero entiende que no es un estado permanente. Transita lo que sientes, no puedes vivir recordando el pasado, pues no te permitirá vivir tu presente. No te quedes enganchado a espirales de emociones desagradables y busca estrategias para provocarte emociones agradables.

Nuevos objetivos. Haz algo nuevo, renueva tus sueños e ilusiones. ¿Qué te gustaría que estuviera presente en tu vida a partir de ahora? Al principio puede aparecer el miedo y las excusas, pero fijarte objetivos personales a corto y medio plazo porque son la clave para avanzar. Ve a un sitio nuevo, donde nunca hayas ido. Prueba una nueva actividad. Construye una vida para la nueva persona que eres.

Hogar, dulce hogar. Un cambio interior invita a un cambio exterior. Adapta tu hogar (aunque sea tu habitación) a tu nuevo tú y a sus necesidades.

Nuevas relaciones. Además de cuidarte, vas a necesitar conectar con otras personas. Mejora tus relaciones ya existentes y conoce gente nueva, éstos te darán nuevos puntos de visita. Tener una red social rica, es esencial para una buena salud mental.

A veces nos ocurre algo que pone nuestra vida patas arriba. La cuestión es desordenarse para volver a ordenarse. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

¿Qué me hubiera gustado saber cuando empecé a practicar sexo?

Que me hubiera gustado saber sobre sexo de Arantxa
Si tuviste suerte, a lo mejor te dieron un par de charlas sobre sexualidad cuando eras adolescente en el instituto. Si todavía tuviste más suerte, puede que incluso tus padres trataran el tema de la sexualidad con normalidad y pudieses preguntarles alguna de tus dudas. Pero, por lo general, nuestra educación sexual suele ser un fiasco. Se suele hablar más de peligros que de placer, centrarse en anatomía más que en aspectos psicológicos como la autoestima, el autoconocimiento y las habilidades para relacionarnos.

La información es poder, y en educación sexual falta mucha. Nos iniciamos en la sexualidad con muchos miedos y creencias erróneas que nos boicotean el tener una sexualidad satisfactoria. En la educación sexual actual, indiscutiblemente, faltan piezas clave para poder acompañarnos en la aventura del descubrimiento de nuestra sexualidad.

Tu cuerpo no es una máquina. Nuestra respuesta sexual, desde el deseo al orgasmo, se encuentra influenciada por un gran número de variables, tanto físicas como psicológicas. Por ejemplo, cuando tenemos sexo con alguien, nuestra respuesta se verá afectada por nuestra autoestima, nuestro autoconocimiento, las experiencias previas, la confianza con la persona, la conexión que sentimos, cómo nos sentimos actualmente, situaciones vitales que puedan afectarnos (como el duelo, el estrés o varias dificultades)… Cuando algo no funciona bien en nuestra sexualidad, vale la pena examinar cómo estamos en nuestra vida. Porque a veces en una dificultad sexual, lo menos importante es el sexo.

Todo empieza por el “conocerme” para poder compartirme. El autoconocimiento en sexualidad es el primer paso. Si yo sé lo que me gusta, lo qué no me gusta, dónde están mis límites, mis inseguridades y mis puntos fuertes, podré guiar para que me descubran. Sino tendré que dejarlo a la suerte (y la suerte no siempre está a nuestro favor, lamentablemente). Cada cuerpo es diferente: en sexualidad no sirve eso de visto uno, vistos todos. La persona con la que compartimos un momento sexual no conoce nuestro cuerpo, ni siente las sensaciones que nosotros sentimos en nuestra piel. Por lo general, la mayoría de nosotros buscamos satisfacer a nuestra pareja en la cama, y solo cuando nos conozcamos podremos compartirnos.

Céntrate en tu placer. A veces estamos más pendientes del placer del otro que del nuestro. Se convierte en una preocupación más que en una diversión. Si cada una de las partes consigue abandonarse a las sensaciones, conectando con nuestro cuerpo  e ir guiándose mutuamente, será mucho más fácil conseguir una experiencia placentera conjunta.

El sexo no es solo penetración. El sexo es un maravilloso desafío con cada persona con la que lo practicamos. Cada encuentro sexual es diferente y las personas implicadas definen que practicas prefieren, pues cada pareja hará un menú sexual diferente. Se trata de eso, de descubrir y compartir placer conjunto. La penetración es una práctica más dentro de un universo de sensaciones placenteras.

Hay miles de maneras de tener buen sexo. Definir que es buen sexo es complicado, pues depende de las personas implicadas y del momento. No existe un pack estándar del buen sexo. Alguna vez será increíble tener un encuentro rápido y ardiente; y otras lo será cuando sea lento, suave y con ternura en cada caricia. Por lo tanto, el buen sexo puede ir desde un encuentro de 5 minutos hasta varias horas de explorar el cuerpo del otro.

Empezar algo no significa acabarlo. La sexualidad es un juego, y como todo juego, si no es divertido, no es un juego. Además todos los juegos necesitan ciertas normas, es decir, especificar nuestros límites y deseos. Así que no te fuerces a hacer algo que no quieras hacer. Puedes parar en cualquier momento. Tampoco finjas que lo estás pasando bien si no es así, dará una información equivocada a tu pareja sobre lo que te gusta y no te gusta. Forzar un encuentro sexual solo traerá consecuencias negativas.

Atracción sexual no es amor. Es importante no confundirlas. Básicamente ésta es la razón por la cual podemos tener un sexo increíble con alguien que nunca tendríamos como pareja, y que el sexo resulte insatisfactorio con alguien a quien amamos. Si empezamos una relación desde la sexualidad, tenemos que ver si podemos pasar de un buen sexo a construir una buena relación. Del mismo modo, siempre podemos esforzarnos por mejorar el sexo con la persona que nos gusta.

Mis fantasías son mías. Fantasear es un elemento clave para cultivar el deseo. En nuestro mundo interior íntimo podemos imaginarnos lo que queramos, y no es obligatorio compartirlo. Es nuestro terreno de pruebas. Es un mundo de interrogantes, porque en el mundo de las fantasías todo vale. A veces fantaseas con algo que te encantaría probar o con recuerdos eróticos pasados y otras con situaciones que sabes que jamás llevarías a cabo en la vida real. Todo vale en tu mente.

El sexo es cambiante. El sexo cambia según la pareja, las experiencias, la edad… está vivo, y como todo lo vivo, cambia. ¡Por lo tanto siempre hay algo nuevo que descubrir!

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

¿Preparado para el amor de tu vida?

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¿Este año estás por fin preparado para encontrar el amor de tu vida? Al contrario de lo que muchos pensaréis no estoy hablando de encontrar a otro que nos ame incondicionalmente y nos haga sentir especiales. Estoy hablando de la historia de amor más increíble que jamás será contada: amarse a uno mismo.

A tu alrededor puedes ver muchas personas que pasan su vida entera sin este amor (incluso tú tal vez te identifiques ligeramente). Desean ser amados, deseados, reconocidos y valorados por otros, pasan de relación en relación, agarrándose a ellas como un clavo ardiendo. Pero les cuesta horrores estar solos, disfrutar de su propia compañía y de hacerse sentir bien. Esto da lugar a que no tengan tiempo para ser ellos mismos. Ser ellos como individuos, no en referencia a otro. Al final, las citas, el sexo y las parejas son una excusa por el miedo a estar solo. Solo para afrontar los malestares y hacerse cargo de su propia vida, de responsabilizarse de hacerse sentir bien, de proveerse de todo aquello que necesita, de darse todo ese amor incondicional que reclama.

Muchos tenemos miedo a estar solos, porque es en la soledad donde tenemos la oportunidad de conocer nuestro autentico yo. Cuando estás solo aparecen tus miedos, tus heridas, tus deseos, tus cicatrices… y estás tú solo con todo.

La verdad es que no podremos amar a nadie verdaderamente hasta que no nos amemos a nosotros mismos. Por ello, lo primero es cultivar nuestra historia de amor más personal. Solo así podremos amar a otro desde el deseo de tenerlo en nuestra vida y no desde la necesidad de llenar un espacio en ella.

  1. Conecta contigo. Estés o no en pareja, todos necesitamos un espacio individual. Tiempo para pensar, para conocerte. A veces es tan simple como parar un momento durante el día y conectar contigo preguntándote cómo estás.
  2. No te olvides de lo básico. Aunque puede parecer imposible, a veces descuidamos cosas tan simples como alimentarnos bien y descansar lo necesario por atender otras relaciones. Si descuidas habitualmente estas dos necesidades básicas, comer y dormir, será difícil que des prioridad a cuidarte en otros aspectos.
  3. Mímate. Reserva tiempo para ti. Haz actividades que te hagan sentir bien y te empoderen. Piensa en cual es tu mejor versión, incluso puedes hacer una lista para recordártelo. Tú sabes cuales son, dales el espacio que se merecen en tu vida y no dejes que las obligaciones ocupen todo tu día.
  4. Háblate con amor. A veces nos tratamos con mucho desprecio y somos muy críticos, especialmente con nuestros errores o defectos. Acéptate. Perdónate y no te juzgues. Trátate como tratarías a tu mejor amigo o amiga.
  5. Eres único. No te compares. Utilizamos la comparación constante con los otros para medirnos a nosotros mismos, cuando es imposible hacerlo. Cada cual está hecho de una sustancia diferente debido a sus experiencias y su historia. Cada persona es única. Al final solo puedes compararte contigo mismo y mejorar para sentirte mejor en tu propia piel.

El viaje del amor por uno mismo puede ser intenso, con subidas y bajadas, y un aprendizaje continuo. Piensa que es la relación más larga que tendrás en tu vida, así que mejor empezar a darle la importancia que se merece día a día, no la dejes para el final de tu lista. Todo el amor que buscas está en ti.

 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

La mala gestión de las emociones

emociones


Las emociones en sí mismas son positivas, dan información sobre quiénes somos y nuestra historia pasada, presente y futura. Es cierto que unas nos resultan más agradables (alegría, sorpresa…) y otras más desagradables (rabia, miedo, tristeza…).

En especial, en estas últimas, hay veces que no queremos sentirlas y buscamos múltiples estrategias para escucharlas y expresarlas, evitando así hacer frente a la situación que las provoca. También podemos estar gestionando mal estas emociones debido a ideas preconcebidas, creencias limitantes y normas culturales sobre ellas (por ejemplo, la mala gestión de la tristeza en los hombres, porque llorar se considera de chicas o de personas débiles).

A continuación se describen algunas de las formas de expresar las emociones que pueden ser negativas:

  • Negar. Boquear lo que sentimos.
  • Intelectualizar. Utilizar un discurso abstracto y conceptual frente a emociones incomodas.
  • Proyectar. Atribuir a otro tus propias emociones.
  • Rechazar. Prohibirse sentir ciertas emociones.
  • Desplazar. Transferir la causa de tales emociones a otra cosa en vez de a la verdadera causa.
  • Reacción antagonista. Manifestar una emoción paradójica y diferente a los sentimientos reales y no afrontar la situación.

Estas estrategias son mecanismos de defensa que obstaculizan la identificación y la expresión de muchas emociones desagradables que tendemos a bloquear. Además, nos frenan para desarrollar nuestra inteligencia emocional. Es primordial superar las reacciones defensivas para no dar lugar a problemas emocionales posteriores.

Sé honesto y autentico, no trates de disimular o esconder las emociones más desagradables, porque esto te llevará a bloquearlas dentro de ti y un día podrías explotar. Y esto puede ocurrir de repente, nos podemos encontrar en una situación mínima, cuando tenemos una reacción desmesurada porque es la gota que colma el vaso. Dialoga contigo mismo, analiza, verbaliza y entiende de donde surgen tus emociones. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

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