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La culpa

si acepta que hay dias malos
La culpa es una de esas emociones que catalogamos como desagradables. Si bien sentirse culpable no es algo que nos guste experimentar, es cierto que nos da información valiosa sobre nuestra interacción con el entorno y de nosotros mismos. Muchas veces nos sentimos culpables por todo: por lo que hacemos, por lo que no hacemos, por lo que deseamos, por lo que sentimos, por lo que dejamos de sentir, etc.,.

La culpa surge cuando creemos que nos hemos equivocado o nos estamos equivocando, cuando juzgamos nuestros actos, o incluso nuestros pensamientos. Aparece al contradecir una creencia propia relacionada con algún valor importante para nosotros. Además no solo influyen nuestras normas personales también las sociales o las del entorno, especialmente si hemos hecho daño a alguien (o lo haríamos al tomar ciertas decisiones). Ya desde nuestra tierna infancia integramos normas sobre cómo debemos actuar a través del entorno, la educación y, en muchos casos, la religión, y cuando las transgredimos es cuando aparece dicha emoción: nos sentimos culpables.

La función de la culpa radica en hacer consciente una situación, para así buscar cómo arreglarla. Desde mi punto de vista, el mejor antídoto contra quedarme atascado en el sentimiento de culpa es saber que estoy aprendiendo. Mis equivocaciones tan solo son un proceso de aprendizaje y autodescubrimiento, en lo que me equivoqué ayer no me equivocaré mañana. Aprendo de mis errores y entiendo que no soy, ni nunca seré perfecto. Soy flexible conmigo y entiendo que quedarme atrapado con la culpa no me permite avanzar.

Existe una culpa que no es adaptativa, es aquella que no tiene una razón objetiva en sí para aparecer y resulta muy destructiva. Se da en personas muy perfeccionistas o con tendencias depresivas. En estas ocasiones la aparición recurrente de la culpa resulta de un sistema de creencias muy restrictivo y limitador.

Del mismo modo, si los actos o actitud de otro me han dañado, buscamos que éste se sienta culpable. Esto a veces ocurre cuando no somos capaces de aceptar las limitaciones del otro y lo hacemos responsable de nuestro malestar y de curarlo. Aquí es importante recordar que no debemos depender de los demás para sentirnos bien, no puedes hacer responsable de cómo tú te sientas a otro. Evita echar la culpa, hazte responsable de tu malestar, pon límites. Sino le darás todo el poder a esa persona y tú adaptaras un papel de víctima que no te llevará a la acción. Todo tiene que empezar por algún lugar, y que mejor que primero uno mismo. Ser responsable tiene que ver con liderar nuestra vida, pues la responsabilidad no deja de ser la habilidad de responder ante las situaciones que se nos presentan. Si alguien te daña es tu responsabilidad marcar tus límites. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

 

Manual de instrucciones para momentos difíciles

renovacion
Todos hemos deseado alguna vez tener un manual de instrucciones para saber cómo afrontar ciertas situaciones: una pérdida de un ser querido, una enfermedad, una ruptura, una infidelidad, un despido repentino, la incertidumbre del futuro, no tener trabajo… Cuando tenemos una pérdida importante en nuestra vida es importante saber cómo reajustar y reconstruir nuestra vida. Aunque desgraciadamente no existe tal manual de instrucciones, a continuación propondremos un modelo de plan de acción para inspiraros a encontrar vuestra propia receta mágica de superación personal.

La clave aquí es gestionar el tiempo, así que ten paciencia. Reconstruirse no se hace de la noche al día, lleva tiempo. Tiempo para proponerse y alcanzar nuevos objetivos, incluir nuevas rutinas y hábitos, y nuevas relaciones.

Tiempo para mí. No descuides este espacio, pues es el más importante. Piensa que el tiempo es oro, y ahora mismo tú necesitas ese tiempo.

Conecta con tus emociones. Pero no te recrees en ellas. Escúchate. Permítete estar triste o rabioso cuando lo necesites, pero entiende que no es un estado permanente. Transita lo que sientes, no puedes vivir recordando el pasado, pues no te permitirá vivir tu presente. No te quedes enganchado a espirales de emociones desagradables y busca estrategias para provocarte emociones agradables.

Nuevos objetivos. Haz algo nuevo, renueva tus sueños e ilusiones. ¿Qué te gustaría que estuviera presente en tu vida a partir de ahora? Al principio puede aparecer el miedo y las excusas, pero fijarte objetivos personales a corto y medio plazo porque son la clave para avanzar. Ve a un sitio nuevo, donde nunca hayas ido. Prueba una nueva actividad. Construye una vida para la nueva persona que eres.

Hogar, dulce hogar. Un cambio interior invita a un cambio exterior. Adapta tu hogar (aunque sea tu habitación) a tu nuevo tú y a sus necesidades.

Nuevas relaciones. Además de cuidarte, vas a necesitar conectar con otras personas. Mejora tus relaciones ya existentes y conoce gente nueva, éstos te darán nuevos puntos de visita. Tener una red social rica, es esencial para una buena salud mental.

A veces nos ocurre algo que pone nuestra vida patas arriba. La cuestión es desordenarse para volver a ordenarse. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

¿Qué me hubiera gustado saber cuando empecé a practicar sexo?

Que me hubiera gustado saber sobre sexo de Arantxa
Si tuviste suerte, a lo mejor te dieron un par de charlas sobre sexualidad cuando eras adolescente en el instituto. Si todavía tuviste más suerte, puede que incluso tus padres trataran el tema de la sexualidad con normalidad y pudieses preguntarles alguna de tus dudas. Pero, por lo general, nuestra educación sexual suele ser un fiasco. Se suele hablar más de peligros que de placer, centrarse en anatomía más que en aspectos psicológicos como la autoestima, el autoconocimiento y las habilidades para relacionarnos.

La información es poder, y en educación sexual falta mucha. Nos iniciamos en la sexualidad con muchos miedos y creencias erróneas que nos boicotean el tener una sexualidad satisfactoria. En la educación sexual actual, indiscutiblemente, faltan piezas clave para poder acompañarnos en la aventura del descubrimiento de nuestra sexualidad.

Tu cuerpo no es una máquina. Nuestra respuesta sexual, desde el deseo al orgasmo, se encuentra influenciada por un gran número de variables, tanto físicas como psicológicas. Por ejemplo, cuando tenemos sexo con alguien, nuestra respuesta se verá afectada por nuestra autoestima, nuestro autoconocimiento, las experiencias previas, la confianza con la persona, la conexión que sentimos, cómo nos sentimos actualmente, situaciones vitales que puedan afectarnos (como el duelo, el estrés o varias dificultades)… Cuando algo no funciona bien en nuestra sexualidad, vale la pena examinar cómo estamos en nuestra vida. Porque a veces en una dificultad sexual, lo menos importante es el sexo.

Todo empieza por el “conocerme” para poder compartirme. El autoconocimiento en sexualidad es el primer paso. Si yo sé lo que me gusta, lo qué no me gusta, dónde están mis límites, mis inseguridades y mis puntos fuertes, podré guiar para que me descubran. Sino tendré que dejarlo a la suerte (y la suerte no siempre está a nuestro favor, lamentablemente). Cada cuerpo es diferente: en sexualidad no sirve eso de visto uno, vistos todos. La persona con la que compartimos un momento sexual no conoce nuestro cuerpo, ni siente las sensaciones que nosotros sentimos en nuestra piel. Por lo general, la mayoría de nosotros buscamos satisfacer a nuestra pareja en la cama, y solo cuando nos conozcamos podremos compartirnos.

Céntrate en tu placer. A veces estamos más pendientes del placer del otro que del nuestro. Se convierte en una preocupación más que en una diversión. Si cada una de las partes consigue abandonarse a las sensaciones, conectando con nuestro cuerpo  e ir guiándose mutuamente, será mucho más fácil conseguir una experiencia placentera conjunta.

El sexo no es solo penetración. El sexo es un maravilloso desafío con cada persona con la que lo practicamos. Cada encuentro sexual es diferente y las personas implicadas definen que practicas prefieren, pues cada pareja hará un menú sexual diferente. Se trata de eso, de descubrir y compartir placer conjunto. La penetración es una práctica más dentro de un universo de sensaciones placenteras.

Hay miles de maneras de tener buen sexo. Definir que es buen sexo es complicado, pues depende de las personas implicadas y del momento. No existe un pack estándar del buen sexo. Alguna vez será increíble tener un encuentro rápido y ardiente; y otras lo será cuando sea lento, suave y con ternura en cada caricia. Por lo tanto, el buen sexo puede ir desde un encuentro de 5 minutos hasta varias horas de explorar el cuerpo del otro.

Empezar algo no significa acabarlo. La sexualidad es un juego, y como todo juego, si no es divertido, no es un juego. Además todos los juegos necesitan ciertas normas, es decir, especificar nuestros límites y deseos. Así que no te fuerces a hacer algo que no quieras hacer. Puedes parar en cualquier momento. Tampoco finjas que lo estás pasando bien si no es así, dará una información equivocada a tu pareja sobre lo que te gusta y no te gusta. Forzar un encuentro sexual solo traerá consecuencias negativas.

Atracción sexual no es amor. Es importante no confundirlas. Básicamente ésta es la razón por la cual podemos tener un sexo increíble con alguien que nunca tendríamos como pareja, y que el sexo resulte insatisfactorio con alguien a quien amamos. Si empezamos una relación desde la sexualidad, tenemos que ver si podemos pasar de un buen sexo a construir una buena relación. Del mismo modo, siempre podemos esforzarnos por mejorar el sexo con la persona que nos gusta.

Mis fantasías son mías. Fantasear es un elemento clave para cultivar el deseo. En nuestro mundo interior íntimo podemos imaginarnos lo que queramos, y no es obligatorio compartirlo. Es nuestro terreno de pruebas. Es un mundo de interrogantes, porque en el mundo de las fantasías todo vale. A veces fantaseas con algo que te encantaría probar o con recuerdos eróticos pasados y otras con situaciones que sabes que jamás llevarías a cabo en la vida real. Todo vale en tu mente.

El sexo es cambiante. El sexo cambia según la pareja, las experiencias, la edad… está vivo, y como todo lo vivo, cambia. ¡Por lo tanto siempre hay algo nuevo que descubrir!

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

¿Preparado para el amor de tu vida?

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¿Este año estás por fin preparado para encontrar el amor de tu vida? Al contrario de lo que muchos pensaréis no estoy hablando de encontrar a otro que nos ame incondicionalmente y nos haga sentir especiales. Estoy hablando de la historia de amor más increíble que jamás será contada: amarse a uno mismo.

A tu alrededor puedes ver muchas personas que pasan su vida entera sin este amor (incluso tú tal vez te identifiques ligeramente). Desean ser amados, deseados, reconocidos y valorados por otros, pasan de relación en relación, agarrándose a ellas como un clavo ardiendo. Pero les cuesta horrores estar solos, disfrutar de su propia compañía y de hacerse sentir bien. Esto da lugar a que no tengan tiempo para ser ellos mismos. Ser ellos como individuos, no en referencia a otro. Al final, las citas, el sexo y las parejas son una excusa por el miedo a estar solo. Solo para afrontar los malestares y hacerse cargo de su propia vida, de responsabilizarse de hacerse sentir bien, de proveerse de todo aquello que necesita, de darse todo ese amor incondicional que reclama.

Muchos tenemos miedo a estar solos, porque es en la soledad donde tenemos la oportunidad de conocer nuestro autentico yo. Cuando estás solo aparecen tus miedos, tus heridas, tus deseos, tus cicatrices… y estás tú solo con todo.

La verdad es que no podremos amar a nadie verdaderamente hasta que no nos amemos a nosotros mismos. Por ello, lo primero es cultivar nuestra historia de amor más personal. Solo así podremos amar a otro desde el deseo de tenerlo en nuestra vida y no desde la necesidad de llenar un espacio en ella.

  1. Conecta contigo. Estés o no en pareja, todos necesitamos un espacio individual. Tiempo para pensar, para conocerte. A veces es tan simple como parar un momento durante el día y conectar contigo preguntándote cómo estás.
  2. No te olvides de lo básico. Aunque puede parecer imposible, a veces descuidamos cosas tan simples como alimentarnos bien y descansar lo necesario por atender otras relaciones. Si descuidas habitualmente estas dos necesidades básicas, comer y dormir, será difícil que des prioridad a cuidarte en otros aspectos.
  3. Mímate. Reserva tiempo para ti. Haz actividades que te hagan sentir bien y te empoderen. Piensa en cual es tu mejor versión, incluso puedes hacer una lista para recordártelo. Tú sabes cuales son, dales el espacio que se merecen en tu vida y no dejes que las obligaciones ocupen todo tu día.
  4. Háblate con amor. A veces nos tratamos con mucho desprecio y somos muy críticos, especialmente con nuestros errores o defectos. Acéptate. Perdónate y no te juzgues. Trátate como tratarías a tu mejor amigo o amiga.
  5. Eres único. No te compares. Utilizamos la comparación constante con los otros para medirnos a nosotros mismos, cuando es imposible hacerlo. Cada cual está hecho de una sustancia diferente debido a sus experiencias y su historia. Cada persona es única. Al final solo puedes compararte contigo mismo y mejorar para sentirte mejor en tu propia piel.

El viaje del amor por uno mismo puede ser intenso, con subidas y bajadas, y un aprendizaje continuo. Piensa que es la relación más larga que tendrás en tu vida, así que mejor empezar a darle la importancia que se merece día a día, no la dejes para el final de tu lista. Todo el amor que buscas está en ti.

 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

La mala gestión de las emociones

emociones


Las emociones en sí mismas son positivas, dan información sobre quiénes somos y nuestra historia pasada, presente y futura. Es cierto que unas nos resultan más agradables (alegría, sorpresa…) y otras más desagradables (rabia, miedo, tristeza…).

En especial, en estas últimas, hay veces que no queremos sentirlas y buscamos múltiples estrategias para escucharlas y expresarlas, evitando así hacer frente a la situación que las provoca. También podemos estar gestionando mal estas emociones debido a ideas preconcebidas, creencias limitantes y normas culturales sobre ellas (por ejemplo, la mala gestión de la tristeza en los hombres, porque llorar se considera de chicas o de personas débiles).

A continuación se describen algunas de las formas de expresar las emociones que pueden ser negativas:

  • Negar. Boquear lo que sentimos.
  • Intelectualizar. Utilizar un discurso abstracto y conceptual frente a emociones incomodas.
  • Proyectar. Atribuir a otro tus propias emociones.
  • Rechazar. Prohibirse sentir ciertas emociones.
  • Desplazar. Transferir la causa de tales emociones a otra cosa en vez de a la verdadera causa.
  • Reacción antagonista. Manifestar una emoción paradójica y diferente a los sentimientos reales y no afrontar la situación.

Estas estrategias son mecanismos de defensa que obstaculizan la identificación y la expresión de muchas emociones desagradables que tendemos a bloquear. Además, nos frenan para desarrollar nuestra inteligencia emocional. Es primordial superar las reacciones defensivas para no dar lugar a problemas emocionales posteriores.

Sé honesto y autentico, no trates de disimular o esconder las emociones más desagradables, porque esto te llevará a bloquearlas dentro de ti y un día podrías explotar. Y esto puede ocurrir de repente, nos podemos encontrar en una situación mínima, cuando tenemos una reacción desmesurada porque es la gota que colma el vaso. Dialoga contigo mismo, analiza, verbaliza y entiende de donde surgen tus emociones. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

¿Cuáles son tus necesidades?

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Todos los seres humanos tenemos ciertas necesidades a cubrir. Algunas son básicas para el desarrollo de la vida como la comida y el descanso, pues no hay nadie que pueda sobrevivir mucho tiempo sin dormir o comer. También existe la necesidad de seguridad, confort y cobijo, es decir, una casa donde vivir y estar rodeado de un entorno tranquilo, agradable y en paz. Una vez estas necesidades más básicas están cubiertas, la mayoría de personas experimentan la necesidad de satisfacer otros aspectos en su vida.

Todos, en función de nuestra personalidad y experiencia, tenemos necesidades psicológicas a atender. Para identificarlas puedes conectar con tus emociones a lo largo del día, te darán muchas pistas. Ya que si estas necesidades personales no se satisfacen, suelen emerger emociones desagradables recurrentes, como tristeza o rabia, que pueden dar lugar a problemáticas emocionales, e incluso, a la larga, a enfermedades físicas. En cambio, sentimos alegría y serenidad cuando se ven colmadas. Por ello, es esencial identificar y satisfacer regularmente cuáles son nuestras necesidades para encontrar el propio equilibrio. Porque en caso contrario, las emociones desagradables invadirán tu vida y acabaran generando graves consecuencias.

Algunas de nuestras necesidades se deben a carencias vividas a lo largo de nuestra vida. Por ejemplo, si sufrimos bullying en la infancia o en la adolescencia podemos tener una necesidad desmesurada de gustar a los demás y ser valorado, o si por ejemplo tuvimos una familia sobreprotectora o sufrimos un abandono, necesitaremos sentirnos seguros. A veces estas necesidades no pueden ser satisfechas nunca, pues es como si fueran un pozo sin fondo, y es necesario reevaluar desde la distancia aquella carencia del pasado para no arrastrarla al presente. Es interesante trabajar la propia historia para saber de dónde emergen las necesidades que tenemos arraigadas, para saber si surgen de quienes somos o de carencias vividas.

Debemos comprometernos con nosotros mismos y nuestras necesidades, pues muchas veces las dejamos de lado para atender las de otros. Obviamente lo ideal es que todos tengan sus necesidades colmadas pero nuestra responsabilidad primera es con nosotros mismos. Ayudar y cuidar a los demás está bien, y a veces tenemos que hacer concesiones en pos de las necesidades de otros, como por ejemplo con un recién nacido o un enfermo. Pero, incluso en estas situaciones, es necesario que reservemos el espacio para satisfacer nuestras necesidades personales. Comprometerse a hacer lo que realmente es importante para uno mismo y dedicarle el espacio que se merece es esencial para poder cuidar de otros. A veces nos preocupa el juicio o la crítica que harán los demás. Nos disgusta que nos clasifiquen como egoístas, narcisistas o hedonistas si decidimos darnos nuestro espacio, nuestro tiempo o incluso invertir en nosotros mismos. Esto es una confusión de conceptos. El hecho de comprometerme a cuidar de mí me hace una persona equilibrada para ofrecer y dar a los demás. O incluso pensamos que si no estamos ahí para satisfacer sus necesidades nos dejarán de querer o se alejarán. Desagraciadamente esas relaciones estarán basadas en la dependencia y en un desequilibrio y que no nos permitirán desarrollarnos a nivel personal.

Te propongo que para el próximo año valores si tu vida se encamina a satisfacer tus necesidades personales y si podrías hacer algo distinto para así hacerlo. ¡Conecta contigo!

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

¿Qué nos hace ser personas atractivas?

Que nos hace atractivos, Centro Núria Jorba en BarcelonaLa belleza es un concepto totalmente subjetivo. Por un lado, encontraríamos el ideal de belleza social. Este ideal se encuentra dentro de unos cánones que engloban un conjunto de características que la sociedad define como bellas y deseables. Actualmente existe un ideal concreto tanto femenino como masculino; éste va cambiando a lo largo del tiempo, a principio de siglo lo que era considerado atractivo es muy diferente a lo que consideramos ahora. Por otro lado, está el hecho de sentirse atractivo. En general, tiene más que ver con sentirse cómodo en la propia piel, lo cual pasa por aceptarse y quererse. Es una actitud diaria, sobretodo en una sociedad donde los ideales de belleza suelen hacernos sentir mal con quién somos y nuestra apariencia. Porque ser atractivo no tiene que ver tanto con cómo nos vemos, es decir, con nuestro físico, sino con lo que transmitimos. Existen características que podríamos decir que son claves para resultar atractivos.

Seguridad personal. No, no somos perfectos, pero aun así es esencial confiar en nuestras capacidades para superar todo aquello que la vida nos ponga delante. Afrontar la vida con positividad te ayudará a creer en ti, y las situaciones difíciles te resultan menos costosas que si tu visión es negativa. A esto hemos de sumarle el sentido del humor, la habilidad de reírnos de nosotros mismos y nuestros errores, y así aprender de ellos. La seguridad personal está relacionada con tu capacidad para gustar, y esto empieza con creerte que eres una persona que puede resultar atrayente, genial e interesante… ¿por qué tendrían que considérate otros así, si tú no te consideras a ti mismo?

Empatía. Otro rasgo importarte es la capacidad de saber ponerse en la piel de los otros. Esto pasa primero por escucharlos. Pero escuchar de verdad. Mirando a los ojos, conectando con sus palabras, entendiéndolas, dejando el juicio de lado y, sobretodo actualmente, dejando el móvil aparcado... Promover una actitud de escucha facilitará al otro abrirse y ser el mismo, a sentirse a gusto, como en casa. Escuchar es invitar al otro a compartirse.

Pasión. No hay nada más atractivo que alguien apasionado y disfrutando de lo que hace. Tener hobbies, inquietudes, sueños, aspiraciones, ser curiosos ante la vida son un conjunto de rasgos que generan una actitud vital apasionada. En general, la gente se siente más atraída por aquellas personas que disfrutan, que saben lo que les hace vibrar y que se sienten llenas de vida.   

Autenticidad. Eres tú y no hay nadie como tú. Cada ser humano es irrepetible, tiene una personalidad, un cuerpo y una historia que contar. No hay dos personas iguales. Ser tú, mostrando tus vulnerabilidades y tus pasiones, te aleja de bellezas prefabricadas, esas que marcan los cánones de belleza. También tiene que ver con que tus pensamientos, tus palabras y acciones sean congruentes. Esto te hará sentirte con más seguridad, ya que vives siendo tú, no pensando en quién deberías ser y cómo deberías actuar. Aceptar y expresar tus propias emociones y actuar en consecuencia, te hace ser una persona auténtica.

En general dedicamos mucho tiempo y energía en nuestra imagen para resultar atrayentes: compramos ropa para ir a la moda, vamos al peluquero para cambiar de estilismo o color de cabello, invertimos en cremas, sudamos en el gimnasio, nos realizamos tratamientos, nos depilamos… Pero nos olvidamos de cultivar aspectos de nuestra personalidad que, al final, resultan claves para las bases de la atracción. Lo que a cada uno de nosotros nos parece atractivo físicamente depende de muchas y diferentes variables, pero todos hemos conocido a alguien, que independientemente de su imagen nos ha parecido muy atractivo. O al revés, ¿no has conocido a alguien que te ha parecido superatractivo y cuando habéis hablado de repente ya no lo era tanto? Ahí radica el secreto, lo importante está en lo que transmitimos.

¡Os invito a cultivar estos cuatro rasgos para aumentar vuestra capacidad de atracción!

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

¡Estas emociones no me gustan!

Emociones desagradables Centro Núria Jorba en BarcelonaEn nuestro día a día disfrutamos de un amplio abanico de emociones que surgen como respuesta a nuestra forma de experimentar en el mundo. Desafortunadamente, es habitual que se cataloguen erróneamente algunas emociones como negativas y otras como positivas. Nos olvidamos que, en realidad, es solo que algunas nos resultan agradables y otras desagradables de sentir, pero todas son útiles y necesarias. Lo son porque nos dan información sobre quiénes somos y sobre cómo habitamos el mundo. Son reacciones totalmente naturales, y muchas de ellas instintivas e innatas, a los acontecimientos que nos enfrentamos en nuestra vida. Este análisis que hacemos de lo que nos ocurre está influenciado por nuestra visión y construcción subjetiva de la realidad, por eso lo que sentimos nos dice mucho sobre nosotros mismos. Por ello, lo importante es darles un espacio y escucharlas, es decir, gestionarlas para utilizarlas como guía.

En este artículo trataremos tres de esas emociones mal llamadas negativas: la rabia, el miedo y la tristeza. A pesar de que pueda desagradarnos experimentarlas, conocer ante que situaciones aparecen y cómo gestionarlas, nos permitirá vivirlas de forma positiva e integrarlas en nuestra experiencia.

La rabia. La rabia es una emoción donde sus efectos pueden ser más graves que sus causas. Ésta surge cuando pensamos que una situación es injusta, ya sea para nosotros mismos o para otros. En primer lugar, es necesario reconocerse el derecho a estar enfadado y rabioso, porque a través de la visión que tú tienes del mundo tienes toda la razón de estarlo. Después pregúntate por qué te sientes así.

Dos malas maneras de expresarlas son a través de la explosión y la inhibición. La rabia suele necesitar una expresión física: gritar, golpear… La regla en este caso sería expresarla sin hacerte daño a ti, ni a los otros. Evita perder el control y dejar que la emoción se apoderé de ti, especialmente cuando tengas un conflicto con otra persona. Aprender a salir en el momento adecuado y darte un respiro cuando tu estado emocional es alto es un aprendizaje necesario. Así podrás volver a buscar una mejor solución cuando ambas partes estén más tranquilas y predispuestas a ello.En ningún caso intentes bloquearla, pues esta emoción tiene una cualidad especial: se acumula. Guardártela solo hará que te transformes en un reloj bomba andante, acabará saliendo por algún lado.

¿Y a ti, qué te enfurece normalmente? ¿Qué te parece injusto en tu vida? ¿Cómo sueles expresar esta emoción? ¿Explotas o la inhibes?

 El miedo. El miedo es una emoción que paraliza, anula tus capacidades y por lo tanto acaba arrinconándote. Éste surge cuando percibimos una situación como amenazante o peligrosa, nos sentimos inseguros. Abandona la idea de controlarlo hasta que desaparezca, pues no ocurrirá. Esta emoción se gestiona buscando elementos de confianza y seguridad. Dale un espacio, pregúntate qué es lo que está provocando este miedo. Primero has de confesarlo para poder superarlo. Muchos de nuestros miedos actuales emergen de nuestra propia inseguridad, de la creencia que no estamos capacitados para enfrentarnos a unas circunstancias determinadas. Por ello, piensa en tus recursos (capacidades, experiencias previas, tu red social…) para poder hacer frente a ese temor. Luego, acéptalo, y enfrentarte a él en pequeñas dosis, y mide los progresos de tu nueva actitud con optimismo.

¿Y a ti, qué te provoca miedo? ¿Cuándo te sientes inseguro? ¿Y qué haces cuando te sientes así?

La tristeza. La tristeza nace ante una pérdida. Pérdidas en la vida puedan haber de muchos tipos: la muerte de un ser querido, una ruptura de pareja, una enfermedad, un despido, una decepción, un fracaso… Sentirte triste ante ciertas circunstancias es natural y totalmente necesario. Esta emoción suele dejarnos con una energía baja y sin fuerzas. En realidad, es nuestro cuerpo obligándonos a parar y a reflexionar. La gestión se hace a través de darnos y permitirnos ese espacio. Para ello, libérala y ábrete con aquellas personas que confías. Piensa que necesitas un tiempo para reconfortarte, que cada persona se cura a un ritmo diferente, y el primer paso es aceptar esa tristeza como una reacción natural ante la pérdida que estás experimentando. Date permiso para llorar cuando lo necesites, es totalmente sano y recomendable. Pero evita el aislamiento social o alimentarla dándole demasiadas vueltas, puedes llegar a sufrir innecesariamente. Al mismo tiempo, autorízate momentos agradables que te distraigan y te hagan sentir bien. Así crearás emociones agradables que te permitirán ir recuperándote. Pero recuerda, la tristeza no se alegra, se consuela.

¿Y tú, cuándo te sientes triste? ¿Te permites llorar? ¿Cómo gestionas las pérdidas en tu vida?

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

 

Etapas del duelo en una ruptura amorosa

etapas duelo amoroso Centro Núria Jorba en BarcelonaCuando se rompe una relación de pareja, es inevitable pasar por un período de duelo emocional y crisis sentimental que lleva a la reconstrucción de la propia vida, e incluso de la identidad. El psicólogo Stephen Gullo, en su libro El shock sentimental, delimita y explica las fases de este proceso. Define el shock sentimental como un fenómeno normal con un curso previsible de síntomas, fases y acontecimientos que tiene un principio y un final.  Ante una ruptura, el hecho de poder conocer las diferentes etapas por la que pasaremos, proporcionará perspectiva ante la situación y la oportunidad de poner en marcha diferentes estrategias y recursos según se avance por la experiencia.

La primera etapa es de paralización y desorientación, y normalmente pueden aparecer dificultades para dormir y comer. Es como si se entrase en shock. En realidad es una etapa protectora de corta duración, que aísla del impacto psicológico que conlleva la pérdida de la relación. Posteriormente se pasará a la etapa de la pena. Probablemente te sentirás irritable, malhumorado y tenderás a tener explosiones de llanto descontrolado. Inicialmente puedes sentir cómo si hubieras perdido un parte de ti, como si la soledad y el vacío te envolviesen. Esta tristeza no es solo por la pérdida de la persona, sino por pérdidas múltiples que se dan al concluir una relación: el tiempo que se compartió, los proyectos comunes, las esperanzas e ilusiones puestas en la relación, el estilo de vida, las rutinas, el hogar, el entorno social conjunto… Son un conjunto de muchos cambios que se avecinan, y a muchos de nosotros nos aterra salir de nuestra zona de confort. Ante tal dolor, muchos intentan retomar algún tipo de contacto con la persona amada, como una especie de remedio a corto plazo para paliar la pena que sienten. No es una buena idea durante el inicio de la ruptura intentar mantener ningún tipo de relación, pues las emociones deben ser digeridas y gestionadas. Dejar un tiempo prudencial sin contacto hará que sea más fácil avanzar por las diferentes etapas. Es importante no quedarse bloqueado e intentar seguir con nuestro funcionamiento diario. A pesar de las dificultades, fluir con el dolor de la pérdida permite que los sentimientos se desarrollen naturalmente. La siguiente fase es la adjudicación de la culpa, donde hay la necesidad de encontrar sentido a la ruptura, entender que salió mal y quién o qué es el responsable. La emoción de base es la rabia, la cual, si se utiliza de manera positiva, puede ayudar a salir de la pena y empezar a reconstruirse. También, en esta etapa es común lamentarse del propio fracaso por no haber escogido a la persona adecuada y haber invertido un tiempo en la relación. Después pasaremos a la etapa del adiós, donde pasamos a aceptar que se ha terminado. Posiblemente es el momento más difícil. Te invade una sensación agridulce y de resignación, decimos adiós a lo que fue y nunca más será. Para ello hay que darse ánimos para seguir avanzando y mimarse centrándote en tus necesidades. El shock sentimental empieza a remitir al llegar a la etapa de reconstrucción, donde se reconstruye activamente la propia vida. Es un buen momento para plantearse la opción de empezar a salir con alguien; antes de esta fase es desaconsejable, ya que no se habrán extraído los aprendizajes necesarios para ello, ni se estará preparado para establecer una relación emocionalmente saludable. Finalmente, se llega a la fase de resolución. Se inicia un nuevo ciclo vital y, por fin, se hacen las paces con el sufrimiento.

El camino por las diferentes etapas no es lineal, puede que durante el tiempo que dure el shock sentimental avances y retrocedas de unas a otras. Pero lo importante es no quedarse estancado en ninguna y resolver las cuestiones personales que vayan aflorando en cada etapa. Este proceso suele durar alrededor de un año, pero la evolución de cada individuo es muy subjetiva: las personas se curan a ritmos diferentes. Dependiendo del compromiso y el grado de intimidad con la pareja, el tiempo de la relación, el tipo de ruptura, la historia personal y los recursos individuales para hacer frente a la pérdida, el tiempo de duración variará. No hay una única manera de superar una ruptura y avanzar, pero sí es importante estar atento a posibles actitudes o conductas destructivas que puedan darse por el dolor, la culpa o el arrepentimiento (pueden ir desde consumo de drogas o alcohol a aislamiento social). En caso de quedarse anclado en alguna etapa, sería interesante considerar acudir a un psicólogo, el cual te proporcionará el acompañamiento adecuado para aprender de esta experiencia y construir una nueva versión de ti mismo y crear el siguiente capítulo de tu historia.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

Gestiona tus pensamientos


Gestiona tu pensamiento, Centro Nuria Jorba en BarcelonaEn nuestra mente aparecen alrededor de 30.000 y 60.000 pensamientos diarios. Éstos pueden ser de muchos tipos, algunos constructivos y otros destructivos. Es esencial aprender a gestionar los pensamientos y reducir su velocidad para vivir con la mente más despejada y así procurarnos mayor claridad mental. A pesar de que pueda parecer normal en nuestra sociedad, vivir estresado y con la mente siempre echando humo NO es ni recomendable ni deseable. Hemos dejado que ‘el hacer’, ser productivos y pasar de actividad en actividad sea lo habitual, cuando el estrés no es lo natural en nosotros. El estilo  de vida actual lleva a desconectar de nosotros mismos, a la tristeza, a el enfado y, finalmente, a enfermar. Siendo la enfermedad la evidencia más clara de que éste no es nuestro estado.

El pensamiento se encuentra dentro del ciclo pensamiento-emoción-conducta-resultado-valoración. Es decir, lo que pensamos hace que experimentemos unas emociones concretas que nos llevan a actuar de determinada manera, a su vez las consecuencias de nuestras acciones son valoradas e integradas como experiencia que influirá en nuestra manera de pensar futura. Así validamos nuestras hipótesis mentales a través de nuestras acciones para que así nuestro discurso mental sobre la realidad sea coherente con nuestra experiencia. Por lo tanto, nuestros pensamientos dan lugar a palabras, acciones y a una actitud ante la vida que se verán reflejados en la relación que tenemos con nuestro entorno y nosotros mismos.

Según el tipo de pensamientos, encontramos, por ejemplo, necesarios e innecesarios. Los necesarios son aquellos que son útiles para funcionar en el día a día, en cambio los innecesarios son aquellos que nos generan intranquilidad. En algunos casos, están en relación con situaciones de incomodidad puntual que a través de nuestros pensamientos alargamos más en el tiempo provocándonos mayor nivel de malestar. Por ejemplo, una discusión de 10 minutos con un familiar, puede durar años al rememorarla y tenerla presente después de haber sucedido. Por otro lado, están las preocupaciones, las cuales suelen estar enfocadas en el pasado o el futuro. Párate a pensar, ¿de las 24 horas de tu día cuántos pensamientos están enfocados en el ahora? Pre-ocuparse es ocupar la mente con situaciones que todavía no han pasado o ya pasaron. Cuando enfocamos pensamientos en el pasado o el futuro, dejamos muy poco espacio para el presente. Nos perdemos lo que nos está pasando aquí y ahora, y no solo la oportunidad de gestionar mejor lo que nos sucede, sino de disfrutarlo. Recuerda, pasado solo se puede aceptarlo, aprender de él y dejarlo ir; y el futuro aún está por venir. También podríamos clasificarlos en negativos y positivos, entendiendo como negativos aquellos que nos quitan energía y nos hacen daño, en cambio los positivos son los que nos aportan fortaleza y nos ayudan a construir una realidad beneficiosa.

Un consejo para empezar a tener mayor control sobre nuestro flujo de pensamientos es pararnos durante el día a escucharnos. Observa atentamente qué piensas, si te ayuda o te perjudica, aprende a elegir y dar espacio a los pensamientos más beneficiosos para ti. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

¿Confías en ti?

confiança en un mateix Centre Núria Jorbae en Barcelona

 

La confianza en nosotros mismos es básica para el nuestro bienestar. Nos sirve de guía para identificar nuestras necesidades y responsabilizarnos de nuestra propia vida, ingrediente esencial para establecer relaciones sanas y evitar las tóxicas. Además ante situaciones estresantes, que nos generan emociones como rabia, tristeza o miedo, confiar en nuestros recursos nos permitirá superarlas exitosamente. ¡No hay nada más potente que la confianza en uno mismo! Existen elementos claves para cultivarla:

 

El trío percepción-estima-confianza

La confianza en uno mismo pasa primero por la auto-percepción. Esta percepción se basa en el juicio que hacemos de nosotros mismos, sobre cómo nos vemos. Si la valoración que hacemos es positiva o negativa influirá en el tipo de imagen que creamos y en nuestra autoestima. Todo ello no deja de ser una percepción que se va reforzando con la experiencia, cómo enfrentamos las situaciones que vivimos, y además muchas veces influenciada por la percepción de los demás sobre nosotros. Esto influye en crear una confianza sobre nuestros recursos y estrategias para lidiar con problemas y conflictos, para vivir.

Reacciona positivamente ante las críticas

Las críticas directas o indirectas que se formulan contra ti te alcanzan, te golpean y te desestabilizan, incluso si no están justificadas. En un conflicto con un amigo o familiar ante una crítica, tu estima queda en entredicho y se instala la duda, perjudicando la confianza en ti mismo. Para poder detener las emociones desagradables que te invaden es importante tomarte un tiempo para centrarte en una percepción ‘objetiva’ de la situación y recordar tus cualidades personales y puntos fuertes. Aprende a considerar las situaciones tensas con tus amigos o familia como ocasiones ideales para abrir el diálogo, crear nuevos recursos y crecer. ¡Usa tu asertividad! Y sé amable contigo mismo, tus debilidades y tu proceso de aprendizaje.

Apóyate en tus éxitos

¿No te parece que siempre vivimos centrados en aquello que hacemos mal y neutralizamos aquello que hacemos bien? ¿No crees que nos hacen falta pequeñas celebraciones diarias en nuestra vida? Para alimentar la confianza en ti, basta con cambiar el enfoque: celebra cada uno de tus éxitos y aprende de tus equivocaciones. ¿Un consejo? Para que la mayoría de tus proyectos personales sean exitosos es importante que te fijes objetivos retadores, pero realistas y accesibles, que sean pertinentes para tu situación actual y que te pongas un plazo para llevarlos a cabo. Será una forma de ir reforzando tu confianza. También debes identificar los riesgos y cómo reducirlos al máximo. ¿Y si sale mal? Pues, ese tropiezo es un aprendizaje para seguir avanzando. En realidad no hay sueños inalcanzables, tantos los pequeños como los grandes requieren pasos cortos pero decididos.

Elimina el pesimismo

No me cansaré nunca de decir cómo de importante es nuestro discurso interno. La convivencia con esa voz en nuestra cabeza 24 horas, 7 días a la semana puede ser fuente de motivación y alegría o un machaque constante y mortificación total. Cultivar el pensamiento positivo reside en adoptar una actitud constructiva y realista frente a las situaciones. Para ello sé curioso y ten sed de conocimientos, esto te ayudará a ir generando recursos para poder enfrentar cada vez más diversas situaciones de manera exitosa. Aprecia la belleza allí donde estés y pon mucho humor ante las dificultades, te permitirá ver los acontecimientos vitales por los que vas pasando como fuente de aprendizaje. Y sobre todo toma distancia de aquello que te intoxica. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

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