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¿Y los riesgos emocionales qué?

Y los riesgos emocionales qué, Centro Nuria Jorba en BarcelonaLa mayoría de veces cuando los adultos hablamos con adolescentes sobre sus futuras o actuales relaciones sexuales sólo abordamos los riesgos físicos, como pueden ser las enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. En general, nos centramos en la mecánica y sus consecuencias, pero otorgamos poco o ningún lugar para los aspectos emocionales. No se profundiza en la empatía, el respeto y la ternura durante el sexo. Nos olvidamos de de la parte sentimental de la educación sexual, la cual es primordial para unas relaciones sexuales y amorosas de calidad. Entonces es cuando me pregunto, ¿y los riesgos emocionales qué? Además, ¿por qué parece que los únicos mensajes que les trasmitimos sobre el sexo son en negativo y de peligro?

La adolescencia es una etapa compleja tanto de cambios físicos como psicológicos. Por un lado, todos los cambios que el cuerpo experimenta y, por otro, se constituye la propia identidad y aparecen los primeros enamoramientos y desengaños, la necesidad de compartir intimidad con otros, la búsqueda de experiencias nuevas… Es una etapa de muchas expectativas y presiones, donde las primeras relaciones amorosas y sexuales juegan un papel fundamental. Ahí es donde entra la educación sexual con el objetivo de ayudar a poder establecer relaciones igualitarias, desprejuiciadas y placenteras.

Con la aparición de los primeros amores y desamores adolescentes hay una avalancha de nuevos sentimientos y emociones que pueden ser difíciles de entender y gestionar. A los adultos se les olvida que a amar y dejarse amar se aprende poco a poco, y que además no siempre resulta fácil. Aunque, ciertamente, es un aprendizaje que merece la pena. A través de la educación sexual y sentimental no se pretende rechazar la magia de los cuentos de hadas, sino de hacer entender que no existen medias naranjas en búsqueda de su mitad. Los seres humanos somos seres enteros que buscamos compañía, compartir y complementarnos. El hecho de proporcionar apoyo y ayuda para gestionar sus emociones y sus relaciones, les hace más libres y les da poder de decisión ante las posibilidades que existen. Muchos de los adolescentes y jóvenes necesitan de varias experiencias y un poco de guía para no sentirse perdidos cuando éstas son fallidas o difíciles de gestionar. Por lo menos, tiene la necesidad de saber que serán escuchados si así lo necesitan.

Con las primeras relaciones amorosas también vienen las primeras experiencias sexuales, aunque no siempre van de la mano. El sexo está estrechamente vinculado a la intimidad, y ésta última tiene un significado diferente para cada persona, pudiendo ser tanto física como emocional. Es innegable que un contacto sexual, habiendo o no penetración, es un contacto muy intimo entre dos personas y que hay un componente emocional que muchas veces desborda al hecho físico. Te sientes expuesto delante de otra persona, es un momento compartido de complicidad, unión y abandono. Compartes lo que eres, pues durante un encuentro sexual emergen muchos miedos, límites propios y pensamientos. Además, iniciarse en el sexo, como toda experiencia nueva, puede generar una espiral intensa de emociones a procesar y comprender. Además unido a las presiones autoimpuestas y estándares sociales a cumplir para tener un buen desempeño puede generar mucha ansiedad.

En general, los adultos encuentran más fácil hablar de reproducción, embarazos y enfermedades. Lo que muestra el sexo desde un enfoque negativo: de prevención, riesgos y peligros. Todavía aún existe un tabú entorno a todo lo que tenga que ver con el placer: la masturbación, el orgasmo, la primera vez, los besos y caricias, los juegos sexuales, los gustos y fantasías eróticas, la seducción... Son temas que interesan a los adolescentes y jóvenes y de los cuales poco o nada se habla en casa o en las aulas. Es importante poder aprender a dejarse llevar y a confiar en el otro para poder disfrutar y vivir el sexo como una experiencia positiva, divertida y excitante. Es un proceso de autodescubrimiento propio y del otro, siendo responsabilidad de los adultos guiar este descubrimiento para que sea satisfactorio, libre, emocionante, y no necesariamente peligroso.

Por lo tanto, es imprescindible una educación sexual sin tabúes e interactiva entre adolescentes y progenitores o/y educadores. Para así no solo abordar y exponer toda la información, sino dar la posibilidad de tener un espacio para expresarse, ayudarles a desarrollar habilidades para incorporar la sexualidad como un elemento de su vida, fomentar actitudes y valores positivos entorno a las relaciones sexuales basados en el respeto y la libertad, y otorgándoles el poder de decisión en el ámbito sexual. Tenemos el derecho a experimentar, además de evitar el contagio de enfermedades venéreas y embarazos no deseados. Porque la educación sexual también nos sirve para promover la felicidad, pues desde la perspectiva del crecimiento personal, es un maravilloso camino por recorrer.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

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