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¿Qué me hubiera gustado saber cuando empecé a practicar sexo?

Que me hubiera gustado saber sobre sexo de Arantxa
Si tuviste suerte, a lo mejor te dieron un par de charlas sobre sexualidad cuando eras adolescente en el instituto. Si todavía tuviste más suerte, puede que incluso tus padres trataran el tema de la sexualidad con normalidad y pudieses preguntarles alguna de tus dudas. Pero, por lo general, nuestra educación sexual suele ser un fiasco. Se suele hablar más de peligros que de placer, centrarse en anatomía más que en aspectos psicológicos como la autoestima, el autoconocimiento y las habilidades para relacionarnos.

La información es poder, y en educación sexual falta mucha. Nos iniciamos en la sexualidad con muchos miedos y creencias erróneas que nos boicotean el tener una sexualidad satisfactoria. En la educación sexual actual, indiscutiblemente, faltan piezas clave para poder acompañarnos en la aventura del descubrimiento de nuestra sexualidad.

Tu cuerpo no es una máquina. Nuestra respuesta sexual, desde el deseo al orgasmo, se encuentra influenciada por un gran número de variables, tanto físicas como psicológicas. Por ejemplo, cuando tenemos sexo con alguien, nuestra respuesta se verá afectada por nuestra autoestima, nuestro autoconocimiento, las experiencias previas, la confianza con la persona, la conexión que sentimos, cómo nos sentimos actualmente, situaciones vitales que puedan afectarnos (como el duelo, el estrés o varias dificultades)… Cuando algo no funciona bien en nuestra sexualidad, vale la pena examinar cómo estamos en nuestra vida. Porque a veces en una dificultad sexual, lo menos importante es el sexo.

Todo empieza por el “conocerme” para poder compartirme. El autoconocimiento en sexualidad es el primer paso. Si yo sé lo que me gusta, lo qué no me gusta, dónde están mis límites, mis inseguridades y mis puntos fuertes, podré guiar para que me descubran. Sino tendré que dejarlo a la suerte (y la suerte no siempre está a nuestro favor, lamentablemente). Cada cuerpo es diferente: en sexualidad no sirve eso de visto uno, vistos todos. La persona con la que compartimos un momento sexual no conoce nuestro cuerpo, ni siente las sensaciones que nosotros sentimos en nuestra piel. Por lo general, la mayoría de nosotros buscamos satisfacer a nuestra pareja en la cama, y solo cuando nos conozcamos podremos compartirnos.

Céntrate en tu placer. A veces estamos más pendientes del placer del otro que del nuestro. Se convierte en una preocupación más que en una diversión. Si cada una de las partes consigue abandonarse a las sensaciones, conectando con nuestro cuerpo  e ir guiándose mutuamente, será mucho más fácil conseguir una experiencia placentera conjunta.

El sexo no es solo penetración. El sexo es un maravilloso desafío con cada persona con la que lo practicamos. Cada encuentro sexual es diferente y las personas implicadas definen que practicas prefieren, pues cada pareja hará un menú sexual diferente. Se trata de eso, de descubrir y compartir placer conjunto. La penetración es una práctica más dentro de un universo de sensaciones placenteras.

Hay miles de maneras de tener buen sexo. Definir que es buen sexo es complicado, pues depende de las personas implicadas y del momento. No existe un pack estándar del buen sexo. Alguna vez será increíble tener un encuentro rápido y ardiente; y otras lo será cuando sea lento, suave y con ternura en cada caricia. Por lo tanto, el buen sexo puede ir desde un encuentro de 5 minutos hasta varias horas de explorar el cuerpo del otro.

Empezar algo no significa acabarlo. La sexualidad es un juego, y como todo juego, si no es divertido, no es un juego. Además todos los juegos necesitan ciertas normas, es decir, especificar nuestros límites y deseos. Así que no te fuerces a hacer algo que no quieras hacer. Puedes parar en cualquier momento. Tampoco finjas que lo estás pasando bien si no es así, dará una información equivocada a tu pareja sobre lo que te gusta y no te gusta. Forzar un encuentro sexual solo traerá consecuencias negativas.

Atracción sexual no es amor. Es importante no confundirlas. Básicamente ésta es la razón por la cual podemos tener un sexo increíble con alguien que nunca tendríamos como pareja, y que el sexo resulte insatisfactorio con alguien a quien amamos. Si empezamos una relación desde la sexualidad, tenemos que ver si podemos pasar de un buen sexo a construir una buena relación. Del mismo modo, siempre podemos esforzarnos por mejorar el sexo con la persona que nos gusta.

Mis fantasías son mías. Fantasear es un elemento clave para cultivar el deseo. En nuestro mundo interior íntimo podemos imaginarnos lo que queramos, y no es obligatorio compartirlo. Es nuestro terreno de pruebas. Es un mundo de interrogantes, porque en el mundo de las fantasías todo vale. A veces fantaseas con algo que te encantaría probar o con recuerdos eróticos pasados y otras con situaciones que sabes que jamás llevarías a cabo en la vida real. Todo vale en tu mente.

El sexo es cambiante. El sexo cambia según la pareja, las experiencias, la edad… está vivo, y como todo lo vivo, cambia. ¡Por lo tanto siempre hay algo nuevo que descubrir!

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

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