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El conformismo afectivo

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Desde nuestra infancia nos dicen que el futuro es en pareja. Todo parece programado para hacerlo a dúo, para hacerlo con alguien: salir a comer, hacer un poco de ocio como ir al cine o ir a conciertos, viajar, crear un hogar, tener una familia… Nos dicen que el camino hacia la felicidad está en “el par”. Esto nos lleva, a veces, a aferrarnos en relaciones que no nos llenan, ni enriquecen ni potencian. Incluso nos llevan a quedarnos estancados en relaciones que nos hacen sufrir. Por miedo a estar solos, a quedarnos sin ese “+1”. Además, este miedo nos puede hacer retomar una relación una y otra vez, aunque sepamos que esa persona no es para nosotros o queramos otro tipo de relación.

Gastas mucho tiempo manteniendo una relación que no es para ti, inviertes una energía que evita que puedas crear otras oportunidades de crecimiento (y, tal vez, de encontrar una persona o relación más compatible con tus deseos y necesidades). Pero, lamentablemente, en el amor nos regimos por “Es mejor malo conocido, que bueno por conocer”. Es esencial reconocer cuando ha llegado el momento de tirar la toalla. A veces estamos con personas o en relaciones por el potencial que vemos en ellos, no por lo que realmente son. Creemos en lo que podría ser, lo intentamos, luchamos… pensamos que con más esfuerzo, tal vez haremos que cambie o funcione. A veces pasa, especialmente cuando ambas personas están dispuestas a hacer cambios y a hacer que funcione. Pero otras veces, simplemente esto no ocurre. Nadie habla de no luchar, pero si se habla de dejar de luchar para dedicar la energía en algo realmente productivo. Aunque cada relación de pareja es diferente, no existe una regla de cuándo romper o una forma rápida o fácil (o indolora) de hacerlo, hay algunas situaciones que son claramente “alarmas”.

Abuso. La primera y más clara es que si tu pareja abusa de ti tanto física como psicológicamente, aléjate. Lo mejor para ti, e incluso para tu pareja, es alejarte de esa dinámica de relación. Las faltas de respeto, el miedo o el maltrato no deberían existir en una relación.  Es común obsesionarse con el hecho de que no nos sean infieles sexualmente, pero a nadie parece preocuparle tanto el hecho de que no le quieran. En algunos de estos casos, prevalece la exclusividad sexual a la afectiva. Algo así como “no importa que no me quieras, sino que no te acuestes con nadie”. Busca ayuda si es necesario, porque cada segundo que pasas en esa situación destruyes tu autoestima. La primera relación que has de cultivar es la que tienes contigo, así que no dejes que nadie interfiera en ella y te aleje del amor propio.

Comunicarse o morir. Para construir cualquier relación nutritiva y sana se necesitan muchos ingredientes. A veces quererse no es suficiente. El ingrediente indispensable y la base de cualquier relación es la comunicación. Será la herramienta principal para solventar no solo el día a día sino los conflictos. Para ello es esencial que las dos personas tengan la intención de expresar, empatizar y negociar. Tal vez no tengamos el mismo estilo comunicativo, pero si tenemos la intención, todo será más fácil. Desgraciadamente no nacemos simplemente con buenas habilidades comunicativas, a veces es necesario aprenderlas. Mentir, esconder la verdad para proteger a la pareja (o eso creemos) o ser pasivo-agresivo en nuestras peticiones, solo desarrollará una comunicación insana para la relación y acabará envenenándolo todo.

Si ambas partes no están dispuestas a aprender a comunicarse de manera más efectiva, será difícil gestionar la relación y las situaciones a las que hacemos frente diariamente. Una relación es un equipo. Uno solo no puede hacerlo todo, se necesita el apoyo de los dos. Por ello, una alarma importante es el siguiente punto.

Somos dos. Las relaciones conllevan muchos cambios y adaptaciones por parte de ambos. Como todos los ámbitos en la vida, se requiere esfuerzo, tiempo, adaptación, cuidado y mimo. Uno no puede estar sintiendo el “estoy solo o sola en esto”. Puede ser un momento duro cuando estás en una relación y te das cuenta que eres el único que lo intenta. Cuando sabes que la otra parte no puede, no quiere o no es capaz de dedicarse a la relación. Es importante darse cuenta de que uno solo no tiene poder para arreglarlo todo. Cada uno es responsable de sus emociones, pensamientos y acciones. Nadie es responsable de hacerle ver al otro que la relación vale la pena. Si tu pareja no está dispuesta a hacer cambios cuando la relación ya no es satisfactoria, tal vez esto te dará mucha información sobre vuestra dinámica y vuestro futuro. A veces en las relaciones desarrollamos hábitos totalmente insanos. Igual que para crearlos hizo falta dos, para re direccionarlos también.

Crecimiento personal. Todos crecemos y evolucionamos, nadie es estático. Y a veces en pareja crecemos en direcciones diferentes. Si te ves a ti mismo dejando de lado partes esenciales de ti para satisfacer al otro, probablemente esa relación está destinada al fracaso. Las personas que elegimos en nuestra vida deberían potenciarnos y hacernos mejores. Es cierto que hay relaciones que nos hacen crecer y son dolorosas a partes iguales. A veces las parejas nos hacen de espejo y vemos qué deberíamos trabajar en nosotros. Pero eso no significa que deba durar para siempre. Simplemente es una lección que debemos aprender y de nada sirve encallarse en ella. Nunca comprometas quien eres por una relación. Agradece el aprendizaje y sigue caminando.

A veces dejar una relación es la mejor opción. Si ambos no estáis realmente dispuestos a cuidarla y cultivarla, probablemente hemos de dejar ir esa relación. Si ves en tu relación alguna de las situaciones descritas, tal vez es mejor caminar hacia delante con tu propia vida. Para ello se requiere fuerza y apostar por ti, porque de otra manera solo te estás fallando a ti.

 

Recuerda: Eres suficiente. Vales la pena. Y si una relación no te hace sentir así, lo más lógico es alejarse de ella. Obviamente va a doler. Las rupturas duelen. Tendrás días malos, malísimos. Pero al final, te recuperarás, un duelo siempre acaba teniendo un final. En cambio, mantenerse en una relación infeliz, no. Todo irá a mejor y antes de lo que esperas esto pasará, en especial  cuando reconozcas en ti tu valía y potencial.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

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