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El desamor en la era de Tinder y Whatsapp

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Las nuevas tecnologías han cambiado nuestra forma de ligar y conocer gente. Utilizamos aplicaciones y redes sociales para encontrar posibles parejas, nos empezamos a conocer a través de conversaciones de chat, nos damos likes en Instagram para hacer saber al otro que tenemos interés…

Inicialmente cuando conocemos a alguien, existe un periodo de incertidumbre hasta que descubrimos si con esa persona queremos que la relación vaya a más. Nos vamos conociendo y creamos unas expectativas de lo qué va a suceder, basándonos tanto en los contactos que se van dando en el mundo virtual como en el cara a cara. Por lo general, en el intercambio tecnológico amoroso, desconocemos cuáles son las reglas del juego. Y aunque estamos constantemente conectados, la información no es siempre clara, honesta y directa. La comunicación a través de la red puede dar lugar a un vínculo superficial donde no hay una implicación emocional. Y esto tiene una clara influencia en la forma en qué cerramos estas relaciones cuando ya no tenemos interés o no cumplen con nuestras expectativas: de repente cortamos con la comunicación diaria, bloqueamos a esa persona… Las redes sociales nos ponen fácil el poder desaparecer.

En inglés se han acuñado los siguientes términos para explicar las nuevas maneras de cómo se afronta el rechazar a través de las nuevas tecnologías.

Ghosting. Esto ocurre cuando se corta de repente la comunicación con alguien con quien hemos tenido varias citas y hemos estado hablando casi diario, pero por quien ya no tenemos interés en continuar conociendo. Esta estrategia suele utilizarse cuando no se es capaz de afrontar el hacer daño al otro o dar una mala noticia. Simplemente es más fácil desaparecer: volverse un fantasma.

Icing. Este caso corresponde a cuando no se da una razón directa para dejar de verse, sino que se dan excusas para alargar el tiempo hasta la próxima cita: estoy ocupado/da, tengo mucho trabajo, tengo un compromiso, no he podido organizarme… Incluso puede parecer que hay interés en volver a verse, pero no se acaba de concretar nada porque siempre sucede algo. Esto puede ocurrir cuando no se está seguro de si dejar de ver a la otra persona, por lo tanto se deja la puerta abierta en caso de cambiar de parecer. Sería como congelar al otro para un posible futuro.

Simmering. Este término define cuando una de las partes reduce la frecuencia en el intercambio de mensajes o la propuesta de citas. Suele darse porque hay algo que no funciona o no acaba de gustar, pero en vez de abordarlo, prefiere mantener la sensación de compañía virtual e ir valorando otras opciones. Como si los mensajes fueran el fuego que alimenta la relación, y fuéramos bajando la intensidad hasta que la relación se enfría progresivamente. La otra parte puede tener la sensación de qué ocurre algo, pero carece de evidencia suficiente para poder entablar una conversación sobre el tema.

Éstas son formas de cerrar el estar conociendo a alguien de manera poco clara y ambigua, lo cual provoca una incertidumbre que suele generar un caos emocional. La otra persona no entiende el porqué alguien deja de contestarle a los mensajes o de repente ha sido bloqueado. Todo rechazo tiene unas consecuencias, y en estos casos, el rechazado puede entrar en una especie de confusión. En muchas ocasiones puede aparecer un resentimiento posterior por la falta de una explicación y el no haber afrontado la situación de manera clara. Estas actitudes empobrecen nuestras habilidades comunicativas, en vez de reforzarlas afrontando el dar una explicación. Lo ideal sería, por consideración y respeto al tiempo compartido, ser capaces de empatizar con la otra parte y cerrar de forma honesta y directa. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Sexóloga femenina.

 

 

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