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El síndrome de Peter Pan

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Seguro que sabes quién es Peter Pan, es el personaje de aquel niño que nunca crece y odia el mundo adulto.

Pues bien, para el psicólogo Dan Kiley, Peter Pan no solamente era un personaje fantástico que vivía en el país de Nunca Jamás. A él le sirvió de inspiración para dar nombre a una serie de rasgos de personalidad y de conducta a los que denominó en 1983, El Síndrome de Peter Pan.

Kiley observó que algunos de sus pacientes (hombres mayoritariamente) se negaban a aceptar los roles implícitos de la edad adulta como la responsabilidad y el compromiso. Se refirió concretamente a aquellos adultos que, detrás de su inseguridad y baja autoestima buscaban en las otras personas (madres o parejas) sentirse queridos, cuidados, satisfacer sus necesidades, a pesar que huyeran del compromiso por considerarlo un freno a sus aspiraciones personales.

Pensemos entonces en la contradicción y las dificultades que genera esta situación: “Necesito alguien a mi lado que me cuide, que me atienda, que esté pendiente de mí constantemente pero sin renunciar a todos mis deseos, si asumir responsabilidades”.

Podemos describir algunas de las características principales del Síndrome de Peter Pan:

- Necesidad de ser cuidado, de que otros se hagan responsables de sus deseos.

- No tolera la frustración. No sabe gestionarla correctamente.

- No muestra empatía con las necesidades de los otros.

- Prioriza Recibir-Pedir-Exigir.

- Huye de compromisos y obligaciones en las relaciones, posicionándose en un rol de niño.

Habitualmente conlleva alteraciones emocionales por las dificultades en las relaciones y por el choque de expectativas (las personales y las sociales). A nivel emocional son frecuentes los síntomas de ansiedad y tristeza, así como la insatisfacción personal por no ser capaz de asumir responsabilidades.

Pensemos que Kiley define este Síndrome en 1983. Actualmente, en el año 2018, los valores sociales son distintos. Se valora, posiblemente en exceso, la juventud, el hedonismo e incluso cierto nivel de narcisismo, por lo que  “las obligaciones adultas” seguramente no son las mismas a las que Kiley se refería y, por tanto, el nivel de desadaptación tampoco. Los roles de hombres y mujeres no son estáticos ni rígidos, por lo que  muchos Peter Pan son vistos hoy como personas envidiables, que no renuncian a sus caprichos, a su eterna juventud. Pero no olvidemos que del mismo modo que no podemos volar como Peter Pan tampoco podemos vivir sin asumir responsabilidades, sin hacernos responsables de nuestra vida o  hipotecando la vida de otras personas al rol de Wendy, cuidadora sacrificada y entregada.

Es importante tener en cuenta que se trata de unos rasgos, no de una patología psicológica. Es cuando esta forma de entender y gestionar la realidad  genera malestar emocional cuando es  momento de plantearse pedir ayuda profesional.

Tanto en terapia individual como si se acude en pareja, será prioritario trabajar en el desarrollo de  habilidades como la resolución de problemas, la toma de decisiones y la tolerancia a la frustración.

Educar a niños y adolescentes para que asuman responsabilidades en función de su edad y competencias y no satisfacer sistemáticamente todos sus deseos y necesidades de forma inmediata ayudará a que se conviertan en  adultos  más competentes en la gestión de las  frustraciones  y asumir las responsabilidades de forma “adulta o madura”.

 

Eva Juni. Sexóloga masculina y Terapeuta de parejas.

 

 

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