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El amor, un cóctel hormonal

Cerebro con forma de corazón, Centro Nuria Jorba en BarcelonaLo primero que tendríamos que hacer para entender como funciona nuestro cuerpo en este ámbito es cambiar nuestra imagen mental del símbolo del amor como un corazón rojo por un cerebro rojo, porque es allí donde se desencadena la tormenta química de este sentimiento universal.

 

Cada día se saben más cosas del amor y hoy sabemos que detrás de este sentimiento hay un potente cóctel de hormonas (hormonas sexuales, adrenalina, dopamina, serotonina, oxcitocina y vasopresina), que ponen en funcionamiento varias áreas del cerebro.

 

Cada una de las hormonas juega un papel clave en las diversas fases del amor, las cuales son: el deseo, la atracción y el afecto. Son también las responsables de que las mariposas del estómago evolucionen, con el tiempo, a sentimientos más estables.

 

La primera fase del amor (el deseo) está guiada por la segregación de las hormonas sexuales: los estrógenos y la testosterona. Éstos hacen que siempre tengamos ganas del otro, junto a la adrenalina, que es la responsable que el corazón se acelere, la boca se seque y les manos empiecen a sudar.

 

En segundo lugar, en la fase de la atracción, entra en juego la dopamina, la sustancia que segrega nuestro organismo en situaciones de placer, como serían, por ejemplo, las relaciones sexuales o comer chocolate. Durante esta segunda fase se produce la “unión emocional” con la persona querida. La dopamina tiene otras dos aliadas: la serotonina y la oxcitocina, que son las encargadas de afianzar la unión con el otro.

 

Junto a ellas, la vasopresina hace que pasemos a la tercera fase, la del afecto, haciendo que los sentimientos iniciales de pasión y deseo evolucionen hacia una fase más tranquila, en la que se prioriza la unión emocional y el bienestar de pareja.

 

Todas estas reacciones químicas tienen su sentido evolutivo, las primeras son las encargadas de conseguir la procreación de la especie y las segundas las destinadas a mantener la pareja unida para cuidar a los nuevos miembros familiares.

 

A pesar que puede parecer dramático en el ámbito de la pasión, no está todo perdido. Nos queda la manera “artificial” de aumentar la dopamina, que sería: hacer cosa nuevas con la pareja o realizar cualquier actividad de placer para desencadenar sentimientos de romanticismo o despertar la pasión, y por lo tanto el sexo.

 

Núria Jorba. Directora del centro, Sexóloga Clínica especialista en Coaching Sexual

 

 

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