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Pornografía y pareja

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La pornografía existe desde hace más de 25.000 años. Ha habido épocas donde este placer hedonista ha sido socialmente censurado y directamente perseguido y criticado, era una práctica nociva, en cambio para otras culturas que no eran las católicas, musulmanas y comunistas esta práctica era muy venerada.

Por lo tanto, el debate de si el consumo de cine erótico es pernicioso o beneficioso está sobre la mesa en nuestra sociedad desde finales de los años 70. Aquí se mezclan motivos científicos, morales, éticos, etc., que dan lugar a las diferentes posturas.

 

No podemos negar que el interés por la pornografía no ha parado de crecer. Si buscamos por internet, veremos que existen más de 420.000 millones de páginas pornográficas, siendo la inmensa mayoría destinada a un público masculino donde todo es muy directo y visual pero poco a poco van apareciendo directoras como Erika Lust, la cual tiende hacia un estilo más natural y erótico donde acostumbran a encontrase identificadas muchas mujeres. Por lo tanto, vemos que tenemos un gran abanico de posibilidades.

 

Pero la pregunta que se ha puesto sobre la mesa hoy en día a los actores y actrices del porno ha sido esta: ¿Creéis que el cine pornográfico favorece o perjudica a las parejas? ¿Cómo les afecta?

 

Hay opiniones de todo tipo, como por ejemplo:

 

1.- Si tu relación está estructurada de una manera restrictiva y represiva seguro que será malo por lo tanto el problema recae en la estructura de la misma relación.

 

2.- El porno puede ser malo para una relación si los miembros de esta pareja no tienen una visión en común, es decir, si a uno le gusta y al otro no porque puede provocar fricciones.

 

3.- Todo depende de cómo utilices el porno, si es como complemento o si lo usas para evitar a tu pareja o para tener aquella novedad que te falta.

 

Lo más importante para poder disfrutar de la pornografía es entender que nos venden una fantasía, la cual nos puede potenciar el deseo y crear excitación pero que simplemente lo tenemos que ver como una fuente de inspiración.

También nos puede servir para coger nuevas ideas, para descubrir prácticas que quizás nunca nos habíamos planteado y que nos puede apetecer incorporar a nuestra sexualidad, siempre teniendo en cuenta que lo que nos muestran es todo un montaje y que en la realidad no será lo mismo (tenemos que vigilar con las expectativas). Tenemos que tener en cuenta que es como si fuéramos a ver una película de acción donde sabemos que hay efectos especiales, porque en el cine para adultos pasa exactamente lo mismo.

Otra utilidad es poder descubrir nuestros gustos, qué nos gusta más y que no nos motiva y, por lo tanto, puede favorecer el hecho de hablarlo con la pareja y mejorar la comunicación sexual.

 

Con lo que sobretodo tenemos que vigilar es en no verlo cómo si nos miráramos en un espejo, puesto que este está distorsionado, es ideal y no refleja la realidad de la sexualidad, si no lo hacemos teniendo esta idea clara, nos podemos encontrar con el riesgo de que el porno nos dispare inseguridades.

 

Por lo tanto, lo mejor es utilizar la pornografía en pareja para excitarse, teniendo una idea crítica y sobre todo sabiendo que es fantasía. Y todo esto con moderación y partiendo de la base de desearlo, nunca nos lo tenemos que imponer a nosotros mismos ni a nuestra pareja.

 

 

Núria Jorba. Directora del centro, Sex Coach, Sexóloga Clínica, Terapeuta de parejas, Profesora y Escritora.

 

 

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