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Educación sexual en la infancia

Padre o madre leyendo cuento hija, Centro Nuria Jorba en Barcelona

La sexualidad es una dimensión importante dentro de la experiencia humana, presente desde el nacimiento y nos acompaña a lo largo de la vida, y que nos influye en nuestra identidad, relaciones, personalidad y salud mental. Por eso es crucial recibir una buena educación sexual que nos guie en este ámbito. Cuando hablamos de sexualidad no hablamos solo de genitalidad y relaciones sexuales, sino también de intimidad, autoconocimiento, interacción con otros, autocuidado y placer.

La educación sexual puede empezar desde el nacimiento, aunque un momento de inicio clave puede ser cuando aparezcan las primeras dudas sobre el propio cuerpo. La misión de los progenitores es dar los nombres correctos, en especial a los órganos sexuales, evitando apodos y connotaciones negativas adultas sobre los genitales.

Alrededor de los 2 a 3 años a los niños y niñas les gusta tocar, explorar y mostrar el cuerpo, por lo cual es una buena etapa para abordar los límites entre lo público y lo privado, cuáles son sus partes íntimas, el cuidado y protección de éstas, así como la relación con la desnudez. Uno de los objetivos principales debería ser promover el respeto por el propio cuerpo y el cuerpo de los otros, un espacio personal que nadie tiene derecho a transgredir. De esta forma no tan solo se protege a los niños y niñas de posibles peligros y abusos físicos y emocionales, sino también a disfrutar de la sexualidad bajo sus propios límites.

Alrededor de los 4 años el interés radica en el área biológica (las diferencias entre el cuerpo de hombres y mujeres, de dónde vienen los bebés y cómo éstos nacen, por ejemplo), así que tendremos muchas preguntas a responder.

De los 4 a los 6 años, los menores están en plena etapa de exploración de su cuerpo y el mundo que los rodea. Es probable que la masturbación aparezca. Éste puede ser un tema complicado y preocupante de abordar para muchos padres y madres. Es importante no vivirlo con angustia y aceptarla como una etapa transitoria del desarrollo normal. Podemos aprovechar para enseñar el concepto de intimidad, invitando a nuestro hijo o hija a reservar esa práctica para en su cuarto o estando a solas.

Por último, antes de los 8 años, las niñas y niños deberían conocer cuáles son los cambios físicos y emocionales asociados con la pubertad. Esta anticipación a los cambios les permitirá comprenderlos, normalizarlos y aceptarlos mejor cuando sucedan. 

 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

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