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Sexo y Alcohol, ¿aliados o enemigos?

Sexo y alcohol, Centro Núria Jorba en BarcelonaEl consumo de alcohol, ya en la tradición Greco-Romana era una práctica muy común asociada al ocio, la vida social y las relaciones sexuales. Se piensa en el alcohol como aquel catalizador que permite desinhibirse de forma rápida y sencilla, que aumenta el deseo y que ayuda en el disfrute del sexo. Incluso se le atribuyen cualidades afrodisíacas.

Intentemos imaginar una cita con alguien que nos guste: Lo más probable es que imaginemos una situación de cena, una botella de vino y quizás después una copa y, aún más, si la cosa pinta bien, posiblemente la otra persona nos invite a “la última copa” en su casa (como en las películas...) Lógico es que asociemos el consumo de alcohol como un favorecedor o potenciador de nuestra vida íntima.

Cierto que, como en todo, la moderación juega un papel crítico. No es lo mismo hablar de una copita de vino, que  de seis… Si bien una dosis de alcohol moderada puede desinhibirnos, esconder sentimientos de vergüenza, timidez  y ansiedad en relación con nuestro físico o la sexualidad,  éste juega un doble papel  que ya nos adelantó William Shakespeare, en una de sus célebres frases en Macbeth: “El alcohol provoca el deseo pero frustra la ejecución”.

Y en aquellos casos que nos veamos reflejados en lo que a “la vergüenza” se refiere, podemos preguntarnos: ¿Existe otra manera más saludable de desinhibirse y dar rienda suelta al deseo? ¿Nos hace falta una copita para dejar de pensar en los posibles defectos de nuestro cuerpo o si vamos a estar a “la altura·”?  Mitos, complejos, tabúes... Y es que, aunque parezca contradictorio, más allá de sus efectos negativos en nuestra salud, el alcohol que nos desinhibe y puede provocar cierta euforia, es un depresor del sistema nervioso central. A dosis mayores, no es para nada nuestro mejor aliado.

En primer lugar porqué facilita conductas de riesgo. El uso de métodos anticonceptivos, tanto en jóvenes como no tan jóvenes disminuye.

En segundo lugar, porqué nuestro aliado puede convertirse en nuestro enemigo, tanto en hombres como en mujeres. En el hombre, la erección, debido al efecto depresor del sistema nervioso central, se complica dificultando el coito, generando no poca frustración en uno mismo y la pareja. De hecho, son frecuentes los casos de hombres que sufren disfunción eréctil de forma habitual y el origen de la disfunción son los encuentros fallidos fruto del consumo de alcohol. En estos casos, el hecho de tener dificultades en algunas ocasiones, genera ansiedad (miedo a que la situación se repita). La ansiedad se anticipa a nuevas situaciones (ya sea con o sin alcohol) y puede generar nuevos fallos eréctiles, con lo que empieza un círculo vicioso que puede ocasionar una disfunción crónica. Además en lo que se refiere al orgasmo masculino, la eyaculación suele retrasarse, a costa de la disminución de sensibilidad. Existen diferencias de género en cuanto a la afectación en las mujeres. Sin querer generalizar, dosis correspondientes a 2-3 copas provocan una reducción marcada del flujo sanguíneo vaginal, una mayor dificultad en tener un orgasmo y menor intensidad y sensibilidad. A pesar de todas estas limitaciones, muchas mujeres experimentan mejor respuesta sexual subjetiva en situaciones donde han tomado unas copas. Este efecto positivo, no cabe duda tiene mucha más relación con la alteración de cogniciones y  sentirse más provocativa.

No existe el afrodisíaco ideal, que nos permite incrementar el deseo y mejorar la respuesta sexual sin afectar otras funciones del organismo, ni el alcohol, ni el cuerno de rinoceronte...

 

Eva Juni. Psicóloga y Sexóloga clínica

 

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