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Sexualidad en la pareja estable

abrazos
Qué bonita era aquella época de las famosas mariposas en el estómago, de los besos y más besos, de la pasión desenfrenada, de cuando todo era espontáneo entre los dos y maravilloso (o no, porque ciegos por el enamoramiento, todo nos parecía de película).

Con el tiempo, entraron en casa, sin pedir permiso, las obligaciones de hogar, los encuentros y desencuentros con la familia extensa, los gastos y los nuevos protagonistas de nuestras vidas: los hijos.

Es frecuente que muchas parejas presenten quejas y decepciones en cuanto a su sexualidad. Normalmente comentan: “Antes todo iba muy bien”, “Muy a menudo, con deseo”. Pero ahora, en muchos casos, la llegada de los hijos afecta a la intimidad de forma distinta según las etapas:

El embarazo y el parto son épocas que no suelen generar mayor impacto, así como los primeros meses de vida del bebé. Esa época en la que depositamos los 5 sentidos y nuestras horas de vigilia y de sueño al recién llegado miembro de la familia.

Las dificultades suelen aparecer cuando la crianza se estabiliza y se pierde el rol de pareja. Tenemos a un papá y a una mamá que durante demasiado tiempo no han prestado suficiente atención al rol de pareja, a mantener la intimidad.

Las expectativas también juegan un papel importante en las decepciones y en la falta de deseo. La locura y la pasión del principio parecen haber abandonado nuestra casa que ahora huele a colonia infantil. Esperar que el deseo se mantenga siempre, a niveles de nuestro enamoramiento, es ser poco realista. La novedad es un gran afrodisíaco y después de muchos años, de novedad, de sorpresa, nos queda poquito... Pero, ¿Se puede mantener el deseo y la atracción? Pues claro que sí. Pensemos que en una relación estable, mejora la confianza, perdemos miedos y vergüenzas pero, hay que buscar y trabajar el deseo en lugar de castigarse y agobiarse pensando que falla algo en la relación porqué ya no sentimos con la misma intensidad que al principio. Se trata de apostar por la calidad, por crear nuevas situaciones dentro de las rutinas para dejar aflorar las sensaciones que dejamos atrás.

Mantener la intimidad, los besos, los abrazos y en definitiva, el contacto físico, es imprescindible para evitar que se forme una pared de hielo entre los dos que va a ser complicada de romper.

El amor, además de intangible, es extremadamente complejo y variante. Se compone de sentimientos, emociones, pasiones, humor y creencias o expectativas.  Pero, para complicarlo más, el amor, tal y como lo vemos en las películas románticas, sólo muestra lo que sucede en las primeras etapas de una relación de pareja. Se trata de la fase de color de rosa: El enamoramiento.

En general, las relaciones de pareja pasan por diferentes etapas:

  • El enamoramiento: Atracción, idealización del otro y momento en el que surge el compromiso.
  • El noviazgo: Pasar tiempo juntos, donde el tiempo lo dedicamos casi exclusivamente al ocio y a las muestras de cariño. En esta fase, la mayor parte de lo que compartimos es gratificante.
  • Compromiso y convivencia: ¡Nos vamos a vivir juntos! Esta es una etapa donde suelen aparecer cambios en la relación y surgen nuevas dificultades:

-La imagen idealizada cae. Tenemos más información de nuestra pareja y no sólo de sus virtudes.

-Aparecen las rutinas. La euforia de la novedad tan excitante empieza a desaparecer. La rutina y la monotonía son el gran enemigo de la pareja en esta etapa.

-Aparecen las obligaciones domésticas y familiares. La balanza cambia su posición. Ahora dedicamos la mayor parte del tiempo a obligaciones y disminuye el tiempo que compartimos en actividades gratificantes o placenteras.

 

No todas las parejas pueden adaptarse fácilmente a la nueva realidad, a la convivencia. De aquí surgen muchos de los problemas y el origen de muchas de las rupturas.

Y, ¿Qué podemos hacer?

Dejar a un lado los cuentos de hadas en donde cada día es como el primero, donde se tiene al otro idealizado. Cuanto mayor es la idealización y las expectativas, mayor es la frustración.

Adaptarse y superar las nuevas situaciones. Trabajar en pro de la relación. Nos esforzamos en nuestros trabajos, en cuidar a los hijos de la mejor forma posible pero, ¿Y nuestra pareja?.

Alimentar el amor y el deseo. El amor necesita alimentarse de conductas gratificantes. Sorprender a la pareja, demostrar nuestros sentimientos, compartir ocio, cuidar las relaciones y la intimidad.  Recuperar las citas, el arreglarse para el otro/a.

Y porque enamorase es maravilloso pero casual. El verdadero mérito es trabajar para mantener ese sentimiento vivo.

 

Eva Juni. Psicóloga y Sexóloga clínica

 

 

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