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Cierto es que no todas las parejas  viven la sexualidad de la misma forma ni le otorgan la misma importancia. Tener mucho deseo o poco deseo es algo relativo porque va en función de quien y como lo viva. Hay que decir que empieza a ser un problema y es el causante de muchas crisis y rupturas de pareja cuando implica un desequilibrio en la sexualidad de la pareja (uno de los dos pierde deseo) o incluso los dos dejan de tener interés y no encuentran la forma de resolverlo. Generando, por lo tanto, desengaño, frustración, reproches,.. Y un sinfín de cosas que no alimentan el deseo.

 

En primer lugar, hay que dejar de soñar con el mantener la llama siempre encendida y mantener una pasión eterna, como si fuera un regalo inagotable que viene en el “pack del amor o la pareja”. No hay que olvidar que una de las  variables más excitantes y que generan más deseo es la “Novedad”. Con la convivencia y el paso del tiempo, de novedad no nos queda mucho, pero no desesperemos, el deseo y la pasión no tiene porqué agotarse. Simplemente hay que tomar consciencia de que hay que dedicarle una atención especial.

 

En general, a excepción de situaciones  específicas de enfermedad, estrés, duelos y algunas medicaciones, algunos de estos consejos nos pueden ayudar a mejorar nuestro deseo, la sexualidad y la complicidad con la pareja:

 

  • No conformarse. Aceptar que el deseo puede disminuir y hay que pensar en qué se necesita para que pueda volver a nacer.
  • Aceptar y conocer el propio cuerpo. Gustarse a uno mismo, no tener complejos e intentar cuidarse.
  • Reservar un tiempo para la pareja. Hay parejas tan ocupadas (trabajo, hijos, deportes, amigos, familia) que no disponen del espacio para compartir la intimidad.
  • Ser sinceros con la pareja. No fingir, no mentir por vergüenza, por miedo,..
  • Desdramatizar. Jugar, vivir la sexualidad como un juego, un placer no como un examen.
  • No quedarse anclado en el pasado. No perseguir sistemáticamente sentir y revivir las sensaciones de los primeros encuentros. No será siempre igual, no por ello tiene que ser peor.
  • Mantener la complicidad. El juego, mandarnos mensajes, insinuar,..
  • Alimentar las fantasías.  El deseo está en nuestro cerebro y las fantasías mantienen vivo el deseo. Podemos leer, imaginar,..
  • Atreverse. Incorporar juguetes, nuevos lugares.
  • Cultivar un espacio personal independiente. Alejarnos en algunos momentos para desear reencontrarnos.
  • Sorprender con un detalle, una cita, una nota, sentirnos especiales y disfrutar con sorprender a la pareja.

 

En demasiadas  ocasiones  una disminución del deseo se vive como una “alerta” de que algo no funciona, como un fracaso, un declive de la relación. Dramatizarlo en lugar de aceptarlo y decidir solucionarlo lleva a muchas parejas a evitar el sexo, a demorar los encuentros, a convertir algo placentero en una gran fuente de frustración y conflicto. 

 

Eva Juni. Psicóloga y Sexóloga clínica

 

 

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